Verano en Europa

Verano en Europa

La celebración los pasados 28 y 29 de junio del Consejo Europeo no fue crucial por lo decidido, quizás hace tiempo que estas reuniones no lo son, pero sí por el orden del día: principalmente la inmigración y las futuras reformas en la zona euro.

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Los dos temas cuya solución lleva definiendo el futuro de la Unión Europea desde hace años. En el primero, la inmigración, lo decidido en 2013, conocido como Dublin III, respecto al hecho que las fronteras exteriores son las del primer país de llegada, ha decaído.

Tremenda imagen la de los primeros ministros de España y Grecia, Sánchez y Tripas, juntos ante Angela Marcel, aceptando que Alemania les devolverá automáticamente los inmigrantes que hayan llegado previamente a los dos países mediterráneos. Bien distinta de la reunión del 5 de julio, sobre el mismo tema, entre Merkel, Viktor Orban primer ministro de Hungría y el canciller Sebastián Kurz de Austria, donde son otros los que le dicen a la canciller alemana lo que va a pasar con los inmigrantes.

Para la izquierda española que está haciendo de su “welcome refugees” (mal ordenadas las palabras, por cierto) un mantra político, la desconexión con la realidad europea irá en aumento

La UE no es capaz tener una política común de asilo, inmigración, de ahora en adelante cada cual se las apañará como quiera o pueda. La UE va a intentar crear centros de internamiento, ya se verá si fuera o dentro de sus fronteras. Los países con frontera física con el Mediterráneo podrán conseguir financiación pero no solidaridad. Así son las cosas. Para la izquierda española que está haciendo de su “welcome refugees” (mal ordenadas las palabras, por cierto) un mantra político, la desconexión con la realidad europea irá en aumento. Tienen la ventaja que el centro derecha no emite opinión sobre este tema, con lo que un poco de postureo se seguirá permitiendo.

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Respecto al segundo tema, la zona euro está supuesta a poner en marcha sus reformas necesarias a partir de lo vivido en las últimas dos crisis. El presidente francés, Emmanuel Macron, presentó en el otoño de 2017 un ambicioso programa de futuro.

Había entonces que esperar a que hubiera nuevo gobierno en Alemania , lo hubo en marzo. Hace dos semanas Macron y Merkel acordaron una serie de medidas en Meseberg, a las afueras de Berlín. Pocos detalles concretos pero estaba casi todo : presupuesto en la zona euro, unión bancaria con un seguro de depósitos, respaldo financiero para países atravesando por una crisis financiera, hasta un discutible papel del Consejo para la supervisión fiscal.

Ya no quieren ser el hermano mayor prefiriendo ser el primo abusón de una Europa que no quiere hacerse mayor, ni para defenderse ni para financiarse sola

Pero el conjunto de los 19 países euro no estuvieron muy receptivos unos días después durante el Consejo europeo. De presupuesto euro nada, de unión bancaria poco, algo de respaldo financiero a las economías en crisis pero con cuidado. Países capitaneados por Holanda respondieron a Alemania y Francia que la zona euro está bien como está. Renunciar a un gran mercado de capitales, al servicio del ahorro y la inversión, por miedo a que los deudores abusen de los acreedores es otra manifestación similar del miedo a los extranjeros.

Mientras tanto la UE se enfrenta al desafío del cambio norteamericano, ya no quieren ser el hermano mayor prefiriendo ser el primo abusón de una Europa que no quiere hacerse mayor, ni para defenderse ni para financiarse sola. En este tema también España tiene que volver a pensar: ni Francia ni Alemania quieren ya lo mismo, ni son capaces de imponérselos a los demás, ni tienen mucho que ofrecernos. Nuestro esquema de política interna de creciente debilidad, con separatismos imposibles pero infatigables nos debilita en una EU ya de por sí débil. Nada sucederá hasta el cambio de ciclo económico, esperemos. Todo puede suceder después

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