El sitio geopolítico de Rusia

El sitio geopolítico de Rusia

Cuando pienso en Rusia comienzo con el Cisma de Occidente, que hace casi mil anos la aisló, en cierta manera, en un momento en el que su inmensa extensión impedía el que, desde entonces, las corrientes del pensamiento occidental pudiesen permear el pensamiento ruso. Así, en la Santa Rusia se ha quedado petrificada la unión entre la Iglesia y el Estado, mucho más de cómo se mantenía esta relación en la Europa del siglo X y XI, en la Edad Media Profunda. Santa también porque después de la sangrienta persecución de la fe cristiana desde 1917 hasta 1989, en el pueblo y en sus gobernantes –sobre todo el mismo Putin- ha resurgido la fe y el esplendor de sus iglesias. También cabe pensar en la Rusia hegemónica, que con el tiempo fue integrando dentro de su territorio tantas y tantas naciones, dándoles la impronta profunda de su propio ser y de su lengua.

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En la historia del mundo, en los últimos cinco siglos, se han ido alternando diversos poderes hegemónicos: en el siglo XVI España, luego Inglaterra, la que al apagarse con la segunda guerra mundial, da lugar el surgimiento de los Estados Unidos, en competencia con la Rusia comunista desde 1945. Pero si volvemos hacia atrás las páginas de la historia por unos cuarenta siglos, nos encontramos el imperio chino, humillado en el siglo XIX por los ingleses. Nos encontramos con Egipto, Persia, Grecia, Roma y el Sacro Imperio Romano Germánico, cuya grandeza ha durado más de mil anos gracias a que estaba aglutinada primariamente por la fe cristiana y no por decisiones políticas ni por las armas.

Es interesante observar cómo las grandes potencias están sometidas a la inexorable ley del ´raise and fall´ (surgimiento y caída) de las civilizaciones, excepto el reino de la fe judeo-Cristiana, que se va consolidando desde los tiempos de Abraham, dos mil anos antes de Cristo.

La Rusia de Putin

En este contexto hay que reconocer que la personalidad de Putin es enigmática, y quizás por eso tan interesante. Es el hombre que ha hecho la Rusia de hoy gracias a juegos estratégicos, militares y políticos, que tienen mucho de la proverbial astucia euroasiática. Después del bajón que supuso la superación del comunismo, como ideología oficial del Estado, Putin es el hombre que está logrando resituar a Rusia en el concierto de las potencias mundiales. Los acontecimientos en Ucrania y Siria son sus últimas movidas tácticas, creando un ‘status quo’ que el Occidente no tiene más remedio que aceptar como punto de partida para las estrategias políticas futuras. Rusia es ahora más consciente de su propia fuerza, apoyada por la actual tendencia alcista del precio del petróleo. La autoridad de Rusia se está haciendo sentir cada vez más en las ex-repúblicas soviéticas que se han independizado de la URSS en los anos noventa y siguientes del siglo pasado.

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Un aspecto impresionante del comportamiento de Putin es el giro diametral hacia la fe cristiana. Bajo su orden y gobierno se han reconstruido cientos y hasta miles de iglesias y hasta no tiene reparo en manifestarse públicamente como el defensor de la fe e incluso en más de una ocasión ha criticado duramente al Occidente de traicionar sus raíces cristianas, entregándose en cuerpo y alma al materialismo ateo.

Putin busca un nuevo orden mundial que le favorezca, en el cual su capacidad de decisiones operativas rápidas –incluyendo los movimientos militares- le dan una enorme ventaja en contraste con la lentitud que se observa en las decisiones, por ejemplo, de la UE. La táctica de Putin se puede sintetizar en la así llamada ´desestabilización controlada´, que en el fondo es lo de siempre en la historia: Inglaterra, en su momento tenía la fórmula del equilibrio de poderes, que significaba concretamente, no permitir que ninguna otra potencia mundial sea superior a ella misma, como árbitro mundial último. Es la aplicación algo maquiavélica de aquello de ´tesis-antítesis y síntesis´, excogitada por el idealismo alemán hace dos siglos, precursor de marxismo en línea directa desde los filósofos Fichte, Schelling, Hegel y Feuerbach. Esta misma táctica la ha aplicado precisamente Hernán Cortés al aprovechar las divisiones entre los indios, en la conquista de Méjico, quien desde siempre ha sido considerado como el mejor estratega militar de todos los tiempos.

Las debilidades de Rusia

En primer lugar, USA y China son potencias mucho más relevantes, hasta tal punto, que los rusos no pueden superar ante ellos un cierto complejo de comprensible inferioridad. Otro problema es que los políticos rusos siguen viendo al Occidente –USA, NATO y Europa- como el enemigo común, por lo que lo ideal para Rusia sería fortalecerse a sí misma mediante alianzas con la China y el mundo árabe. Pero al mismo tiempo, Rusia depende de los petrodólares y de las importaciones desde el oeste. Curiosamente, Rusia no ha logrado movilizar su economía al estilo de la China, para poder competir comercialmente en los mercados mundiales. Sin embargo, grandes progresos ha logrado al menos en la producción agrícola y en la venta de gas y minerales.

Por tanto, sería muy deseable que Putin logre crear por fin condiciones propicias para la inversión extranjera en su país, sobre todo a base de ir cortando las alas a las mafias locales que han muy difícil el afincamiento de impresas occidentales en Rusia. Y, finalmente, otro punto importante sería una cierta alianza de las tres grandes potencias mundiales, tanto para garantizar la paz mundial como para dar la cara a las pretensiones de Corea del Norte.

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