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Rafael Jiménez

Filantropía, banca y coronavirus, el ejemplo de la Fundación La Caixa

Rafael Jiménez

Casi nos hemos acostumbrado a las malas noticias económicas. Ya no sorprende que el FMI nos diga que seremos la economía más dañada por la crisis de la pandemia. Es lógico, cuando vives en Santiago terminas por dejar de notar las gotas que te mojan la cara. Sin embargo no podemos aceptar esa insensibilización como si nada. Al final, todas esas palabras, esa constatación de la mala marcha de nuestra economía, no son meras cifras. Son personas, son vidas, son realidades.

Por eso cobran especial relevancia aquellos que, cogiendo el testigo de la necesidad, asumen una función fundamental en nuestra sociedad. Es el caso de la Fundación ”la Caixa”, ya saben, entre las más grandes del mundo y que, por ejemplo, ha incrementado este año la inversión en iniciativas que fomentan la inserción sociolaboral de jóvenes y personas en riesgo de exclusión y especialmente vulnerables ante las consecuencias de la actual crisis sanitaria.

De todos los proyectos seleccionados, casi la mitad responden directamente a las nuevas necesidades derivadas de la crisis social y sanitaria provocada por la Covid-19. Proyectos que se refieren a nuevas necesidades surgidas con la pandemia o la aplicación de metodologías digitales y telemáticas que pretenden dotar a las personas de competencias y habilidades para conocer y dominar las herramientas claves para su futuro laboral y que permiten disminuir el contacto personal.

Pero no solo eso, también se invierte desde la Fundación “La Caixa” en la atención al envejecimiento, a la discapacidad y a la enfermedad, a la lucha contra la exclusión social y la pobreza infantil, a viviendas para la inclusión social, a la promoción de la interculturalidad y a la acción social en el ámbito rural. Y todo con criterios de selección en los que no solo la organización filantrópica opina y decide, también se tienen en cuenta el apoyo de la Administración o la colaboración efectiva entre entidades sociales y la implicación de la comunidad donde se desarrollan.

Está claro que la nueva realidad requiere un mayor esfuerzo para dar respuesta a las necesidades surgidas en un contexto de crisis social y sanitaria sin precedentes, de manera que es necesario reforzar el apoyo a las entidades que hacen posible el desarrollo diario de los proyectos. Estas iniciativas, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 de Naciones Unidas, apoyando iniciativas que promueven el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todas las personas, especialmente las más vulnerables, son el ejemplo vivo del papel, de la función, del protagonismo de fundaciones como la que nos ocupa, que cubren una necesidad fundamental en nuestra sociedad y que se empeñan en ir, enarbolando la bandera de los hechos y las cifras., contra la demonización de las entidades bancarias que algunas corrientes populistas pretenden establecer como dogma de fe. Al final, las cifras, negro sobre blanco, son las que mandan. En el debate de las ideas contra los hechos, obras son amores.