El Congreso era una fiesta

El Congreso era una fiesta

18 enero, 2016
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Actualizado: 18 enero, 2016 13:43
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Es invierno en España, hay poca luz y el frío ya se asoma. En las montañas la vida hiberna mientras las grandes ciudades, para cuyos habitantes la tierra, el agua y el fuego pasan por ellos casi de soslayo, concentran sus días de actividad más frenética. Si la salud es un estado transitorio que no augura nada bueno, la estación invernal es sobre todo el prólogo de una primaveral nueva vida. Cuestión de perspectiva, como casi todo.

Estamos en invierno en España, en la política española la luz y la alegría permanecen ensombrecidas por los comportamientos esperpénticos de su clase política. Las formas, los ritos, la educación y las buenas maneras -escudos protectores de lo verdadero, lo bello y lo justo- han declinado su presencia en favor de lo rudo, lo vulgar y lo zafio revestidos de autenticidad, espontaneidad o democracia.

Recuerdo que hace pocos años un consistorio barcelonés aprobaba que se pudiera caminar desnudo por las calles de Barcelona. Nadie se opuso entonces a una medida que permitía de forma tan natural la libre expresión de los seres humanos…Hace escasos meses el mismo Ayuntamiento se vio obligado a aprobar una nueva normativa que prohíbe incluso caminar sin camiseta por las calles de la ciudad condal. De nuevo el pueblo soberano ha vuelto a guardar escrupuloso silencio por una decisión completamente contradictoria con la anterior. Cosas de la democracia.

El pasado miércoles el Congreso de los Diputados era una fiesta. Por el aspecto de muchos de los nuevos congresistas quizá algunos han echado de menos que no esté instalado un botafumeiro en el Hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. La naturalidad de las señorías de hoy ya había sido practicada con éxito por los peregrinos a Santiago de Compostela en el siglo XVII.

Los mismos que ya entrados en los cuarenta evitan cuidadosamente tener descendencia o aplauden el aborto voluntario de seres humanos acariciaban amorosamente un bebé aportado al ágape por una de las nuevas titulares de un escaño. Probablemente se trataba de una criatura ecológica, concebida in vitro, y no como esos niños traídos a este mundo con decadentes y alienantes técnicas machistas. La foto de Pablo Iglesias con una sonrisa amplia dejando ver el enorme tamaño de sus caninos no ha arredrado a la eufórica madre que ,sin duda, no ha recordado en ese momento la enorme simpatía del personaje por los ritos de los indígenas mayas o aztecas.

Ha sido todo tan hermoso, con sus bicicletas súper ecológicas diputados y diputadas aportaban su personal aroma  a la asamblea que iba a comenzar. Un verdadero reto para perfumistas o especialistas en ambientadores.

Los tatuajes, los piercings y las camisetas con todo tipo de eslóganes, de inigualable creatividad, eran un verdadero solaz para cualquier alma dotada de una verdadera sensibilidad post moderna. Algunos de los conserjes han estado a punto de quedarse en ropa interior viendo lo degradante y ridículo de sus propias vestimentas, comparado con la orgía de colores que adornaban los respaldos de los asientos de los debutantes.

El espectáculo ha sido tan grande, tan deslumbrante, que letrados en Cortes y abogados del Estado ya se afanaban frenéticos esta tarde por las tiendas de Madrid para adaptar sus futuras indumentarias.

Es la fiesta de la democracia, de la libertad, de las nuevas formas de entender la participación en la política… Es nuestro futuro, amigos. ¡Que Dios nos ampare!

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