La concepción del Estado en Rusia

La concepción del Estado en Rusia

La concepción hegeliana del Estado es últimamente la sustancia nutriente del ideólogo ruso Wladislaw Surkow, nacido en 1965. En 1999 dejó sus actividades en una empresa privada para formar parte del Consejo de Gobierno en el Kremlin, en el momento en que comenzaba a subir la importancia de Wladimir Putin. Necesita aglutinar a los funcionarios y ciudadanos en base a una ideología política distinta de la del comunismo. En este sentido, Surkow es su gurú máximo, quien rehúye de la represión política, buscando la forma de que el régimen de gobierno de Putin logre tener un rostro atractivo y moderno. Para este fin acude al culto de su persona con fuertes ingredientes patrióticos y cristianos. Busca combinar estos tres ingredientes: la grandeza de una monarquía imperial bajo la hegemonía dominante de un estado socialista pos totalitario de carácter democrático.

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En estos elementos, que se espera que actúen entre sí sinérgicamente, lo que Surkow busca es la consolidación de una nación rusa federada, cohesionada en torno a la milenaria cultura rusa. En este punto, como en muchos otros, Surkov se inspira en la obra magna de William McNeils, ´The rise of the western World´, editada por primera vez en 1963. En este libro a Surkow le fascina que la subida de Occidente ha sido posible gracias a que ha sabido aprovecharse de muchos elementos útiles de otras culturas, integrándolas bajo el denominador común de los principios judeo-cristianos en un vasto territorio en donde siempre tenían libre circulación las ciencias, la información y las ideas.

Desde siempre, Rusia ha sido para los rusos la Santa Rusia, que remite a la unión de la Iglesia y del Estado al estilo teocrático, como el resultado de una petrificación de las relaciones de ambas instituciones al modo del siglo X. Otro motivo de orgullo en Rusia es su historia, tan llena de batallas que han extendido el Imperio hasta el océano Pacífico, su fuerza militar y sus inmensos recursos naturales. Estos son los ingredientes de una autoconsciencia que mira al Estado como una realidad transpersonal, como algo que trasciende y supera a cada persona y donde el todo es muy superior a sus partes, como algo que tiene derecho a exigir los máximos sacrificios, por ser considerado expresión directa de Dios mismo. Hasta tal punto el Estado está por encima de todo, que hasta impone la grandeza de Rusia en la enseñanza de la historia, aunque ello exija adaptar a este fin la verdad de los hechos. Llama mucho la atención lo mucho que tiene todo esto en común con el tercer Reich de Hitler, con la

concepción de Estado de Mao Tse Tung en la China o con la verdad histórica apanada en todos los regímenes totalitarios. Todo esto son manifestaciones de una concepción de Estado hegeliana, que otorga al Estado un rango cuasidivino, como instancia última de la verdad.

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El Estado según Hegel

Para Hegel, los ciudadanos son en y desde el Estado, que les concede ciertos derechos y, sobre todo, deberes, cuyo cumplimiento es la honra del ciudadano. El Estado hegeliano no tiene que servirles, sino todo lo contrario: los ciudadanos tienen que servir al Estado hasta con la vida. Es decir, el Estado trasciende a sus súbditos y sus leyes no pueden objetarse hasta tal punto, que tiene derecho legítimo a asesinar o torturar, a mentir y enganar, siempre y cuando lo aconseje la famosa ´razón de Estado´. Es la objetivación práctica del materialismo racionalista, donde no se reconocen principios morales que preceden y estén por encima del Estado, como los derechos humanos, lo cual lleva necesariamente al más brutal positivismo jurídico.

Todo Estado en este mundo tiende a comportarse al estilo hegeliano, incluso milenios antes del nacimiento de Hegel. Pensemos, por ejemplo, en Imperios como Egipto, la China y Roma: el rey o el césar se atribuyen caracteres divinos, llegando a exigir culto y sometimiento total. En Roma, este fue el motivo de la persecución de los cristianos durante casi tres siglos. Pero también hoy, el Estado se arroga el derecho de permitir el aborto o desconocer la verdad de las cosas cuando autoriza matrimonios de homosexuales o la elección de sexo, o cuando impone a todos una ideología. Otros síntomas más del hegelianismo es el positivismo jurídico, cuando no reconoce principios y normales morales que están por encima de las leyes, como su fuente de inspiración, o cuando lo quiere hacer todo él, no respetando el principio de subsidiaridad según el cual se debería dejar un amplio margen a la iniciativa ciudadana en todo aquello que no necesariamente tiene que gestionar el estado, como es el caso de la educación, labores sociales, la atención médica, el régimen de fondos de jubilación etc.

Así, por ejemplo, en las celebraciones del centenario de la Revolución Rusa de 1917 se ha dejado de lado, lo más posible, los exterminios y las limpias de decenas de millones de ciudadanos, para exaltar las gestas triunfales y la victoria contra Alemania. Y en esto les sirve de modelo Napoleón, que en Francia es considerado un héroe, a pesar sus acciones han costado la vida a millones de europeos. Y en esta línea de imitación Putin sitúa la invasión de Crimea y el ataque a Ucrania. Desde esta perspectiva se comprende que vastos sectores de la ciudadanía rusa están incluso rehabilitando la figura de Stalin como un gran héroe.

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Mesianismo de Estado

No pocos miembros de la Jerarquía eclesiástica rusa, al igual que la mayoría de los rusos, atribuyen al imperio Ruso una función de defensa contra el anticristo, apoyándose para ello en la segunda Carta a los Tesalonicenses, donde se dice que hay algo que detiene la manifestación del anticristo. Este mismo punto sirvió también de inspiración al ideólogo Carl Schmitt en la formulación de la ideología del Estado nazi, que se consideraba igualmente como el instrumento de la providencia divina para salvar al mundo!: en el ´Gott mit uns´ (Dios está a nuestro lado) nazi resuenan los alaridos de ataque de las valquirias teutónicas, tan magistralmente musicalizado por Wagner y tan acertadamente puesto en escena en ´Star Wars´.

En filósofo ruso ultranacionalista Alexander Dugin recoge también esto mismo escribiendo que el pueblo ruso fue elegido por Dios para la salvación del mundo, en un sentido providencial escatológico. En esta línea de pensamiento se sitúa también ‚‘Wladimir Solowjow en su libro ´Breve Informe sobre el Anticristo´. El es uno de los máximos exponentes de la filosofía político-religiosa rusa, que a través de la escuela ha dejado una huella profunda en el el pensamiento del pueblo ruso.

¿Qué hubiese sucedido si la Iglesia en Rusia no se hubiese separado del Occidente en el siglo X? Probablemente el pensamiento ruso hubiese seguido fundido con el desarrollo del pensamiento occidental, también en lo religioso, y la Iglesia Católica, mediante su Magisterio, hubiese condenado el marxismo antes de 1917. Más interesante es preguntarse qué protagonismo asumirá Rusia en los anos venideros en el concierto político mundial en relación a la China y a los USA.

En 1999 dejó sus actividades en una empresa privada para formar parte del Consejo de Gobierno en el Kremlin, en el momento en que comenzaba a subir la importancia de Wladimir Putin. Necesita aglutinar a los funcionarios y ciudadanos en base a una ideología política distinta de la del comunismo. En este sentido, Surkow es su gurú máximo, quien rehúye de la represión política, buscando la forma de que el régimen de gobierno de Putin logre tener un rostro atractivo y moderno. Para este fin acude al culto de su persona con fuertes ingredientes patrióticos y cristianos. Busca combinar estos tres ingredientes: la grandeza de una monarquía imperial bajo la hegemonía dominante de un estado socialista pos totalitario de carácter democrático.

En estos elementos, que se espera que actúen entre sí sinérgicamente, lo que Surkow busca es la consolidación de una nación rusa federada, cohesionada en torno a la milenaria cultura rusa. En este punto, como en muchos otros, Surkov se inspira en la obra magna de William McNeils, ´The rise of the western World´, editada por primera vez en 1963. En este libro a Surkow le fascina que la subida de Occidente ha sido posible gracias a que ha sabido aprovecharse de muchos elementos útiles de otras culturas, integrándolas bajo el denominador común de los principios judeo-cristianos en un vasto territorio en donde siempre tenían libre circulación las ciencias, la información y las ideas.

Desde siempre, Rusia ha sido para los rusos la Santa Rusia, que remite a la unión de la Iglesia y del Estado al estilo teocrático, como el resultado de una petrificación de las relaciones de ambas instituciones al modo del siglo X. Otro motivo de orgullo en Rusia es su historia, tan llena de batallas que han extendido el Imperio hasta el océano Pacífico, su fuerza militar y sus inmensos recursos naturales. Estos son los ingredientes de una autoconsciencia que mira al Estado como una realidad transpersonal, como algo que trasciende y supera a cada persona y donde el todo es muy superior a sus partes, como algo que tiene derecho a exigir los máximos sacrificios, por ser considerado expresión directa de Dios mismo. Hasta tal punto el Estado está por encima de todo, que hasta impone la grandeza de Rusia en la enseñanza de la historia, aunque ello exija adaptar a este fin la verdad de los hechos. Llama mucho la atención lo mucho que tiene todo esto en común con el tercer Reich de Hitler, con la concepción de Estado de Mao Tse Tung en la China o con la verdad histórica apanada en todos los regímenes totalitarios. Todo esto son manifestaciones de una concepción de Estado hegeliana, que otorga al Estado un rango cuasidivino, como instancia última de la verdad.

El Estado según Hegel

Para Hegel, los ciudadanos son en y desde el Estado, que les concede ciertos derechos y, sobre todo, deberes, cuyo cumplimiento es la honra del ciudadano. El Estado hegeliano no tiene que servirles, sino todo lo contrario: los ciudadanos tienen que servir al Estado hasta con la vida. Es decir, el Estado trasciende a sus súbditos y sus leyes no pueden objetarse hasta tal punto, que tiene derecho legítimo a asesinar o torturar, a mentir y enganar, siempre y cuando lo aconseje la famosa ´razón de Estado´. Es la objetivación práctica del materialismo racionalista, donde no se reconocen principios morales que preceden y estén por encima del Estado, como los derechos humanos, lo cual lleva necesariamente al más brutal positivismo jurídico.

Todo Estado en este mundo tiende a comportarse al estilo hegeliano, incluso milenios antes del nacimiento de Hegel. Pensemos, por ejemplo, en Imperios como Egipto, la China y Roma: el rey o el césar se atribuyen caracteres divinos, llegando a exigir culto y sometimiento total. En Roma, este fue el motivo de la persecución de los cristianos durante casi tres siglos. Pero también hoy, el Estado se arroga el derecho de permitir el aborto o desconocer la verdad de las cosas cuando autoriza matrimonios de homosexuales o la elección de sexo, o cuando impone a todos una ideología. Otros síntomas más del hegelianismo es el positivismo jurídico, cuando no reconoce principios y normales morales que están por encima de las leyes, como su fuente de inspiración, o cuando lo quiere hacer todo él, no respetando el principio de subsidiaridad según el cual se debería dejar un amplio margen a la iniciativa ciudadana en todo aquello que no necesariamente tiene que gestionar el estado, como es el caso de la educación, labores sociales, la atención médica, el régimen de fondos de jubilación etc.

Así, por ejemplo, en las celebraciones del centenario de la Revolución Rusa de 1917 se ha dejado de lado, lo más posible, los exterminios y las limpias de decenas de millones de ciudadanos, para exaltar las gestas triunfales y la victoria contra Alemania. Y en esto les sirve de modelo Napoleón, que en Francia es considerado un héroe, a pesar sus acciones han costado la vida a millones de europeos. Y en esta línea de imitación Putin sitúa la invasión de Crimea y el ataque a Ucrania. Desde esta perspectiva se comprende que vastos sectores de la ciudadanía rusa están incluso rehabilitando la figura de Stalin como un gran héroe.

Mesianismo de Estado

No pocos miembros de la Jerarquía eclesiástica rusa, al igual que la mayoría de los rusos, atribuyen al imperio Ruso una función de defensa contra el anticristo, apoyándose para ello en la segunda Carta a los Tesalonicenses, donde se dice que hay algo que detiene la manifestación del anticristo. Este mismo punto sirvió también de inspiración al ideólogo Carl Schmitt en la formulación de la ideología del Estado nazi, que se consideraba igualmente como el instrumento de la providencia divina para salvar al mundo!: en el ´Gott mit uns´ (Dios está a nuestro lado) nazi resuenan los alaridos de ataque de las valquirias teutónicas, tan magistralmente musicalizado por Wagner y tan acertadamente puesto en escena en ´Star Wars´.

En filósofo ruso ultranacionalista Alexander Dugin recoge también esto mismo escribiendo que el pueblo ruso fue elegido por Dios para la salvación del mundo, en un sentido providencial escatológico. En esta línea de pensamiento se sitúa también ‚‘Wladimir Solowjow en su libro ´Breve Informe sobre el Anticristo´. El es uno de los máximos exponentes de la filosofía político-religiosa rusa, que a través de la escuela ha dejado una huella profunda en el el pensamiento del pueblo ruso.

¿Qué hubiese sucedido si la Iglesia en Rusia no se hubiese separado del Occidente en el siglo X? Probablemente el pensamiento ruso hubiese seguido fundido con el desarrollo del pensamiento occidental, también en lo religioso, y la Iglesia Católica, mediante su Magisterio, hubiese condenado el marxismo antes de 1917. Más interesante es preguntarse qué protagonismo asumirá Rusia en los anos venideros en el concierto político mundial en relación a la China y a los USA.

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