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Rafael Jiménez

La prédica del ladrón

Rafael Jiménez

La pandemia ha puesto en evidencia las costuras de la construcción europea. Una vez puesto en evidencia que con la política monetaria puedes apagar el fuego pero ya no da para hacer más Europa, todas las voces autorizadas reclaman, desde hace tiempo, que avancemos en la política fiscal unificada como única vía para hacer de la Unión Europea un actor real, que pueda pintar algo en el complicado panorama político-económico internacional en en el que, una vez ha basculado el mundo hacia el eje Asia-Pacífico, el Viejo Continente se ha convertido en un elemento periférico.

Dentro de esa construcción de la que hablo, la respuesta a la pandemia en forma de pacto de reconstrucción era una buena piedra de toque. Ahí se iba a ver cómo cuando todos arrimamos el hombro, las cosas son más fáciles. Sin embargo, una respuesta que se presumía al unísono se ha convertido en una guerra de trincheras en las que un bando se empeña en dinamitar las esperanzas del otro.

Lo curioso de todo esto es que esos países que se niegan a una respuesta unida ante la crisis, los llamados “frugales” o “austeros”, tienen un cabecilla de moral, cuando menos, relajada. Parece mentira que el enfant terrible de la política europea, Mark Rutte, el mismo que se divierte riendo las gracias antiespañolas a los trabajadores de las fábricas que visita, sea también el responsable político de uno de los paraísos fiscales que, dentro de la propia UE, hacen competencia desleal en materia impositiva a sus socios. Es muy fácil decir que España no sabe encontrar sus propias soluciones cuando tú te aprovechas del dinero que se genera en España y en otros países robando unos impuestos que tendrían que ser abonados aquí y que tú disfrutas sin haber aportado nada más que tu caradura y tu falta de moral.

Es por eso quizá que Bruselas se ha cansado y, suponemos que con el adecuado empujón de esos países que suponen el 80% del PIB de la Eurozona que han visto cómo el “trile” de los “frugales” le robaba la presidencia del Eurogrupo, ha decidido tomar cartas en el asunto. Quizá por eso se habla de que la Unión va a utilizar un mecanismo nunca antes usado, que permite llamar al orden a los socios que claramente desvían sus leyes de las que se imponen dentro de la UE y que permite también que, si no atiende a razones, se aprueben directivas de obligado cumplimiento en contra de esos socios. Un mecanismo ciertamente contundente y que no puede ser vetado por los socios afectados. Tan solo necesita dos tercios de la población europea, cantidad garantizada viendo quienes están en contra de estas prácticas, y 15 de los 27 socios.

Seguro que los problemas que está dando la aprobación del pacto de reconstrucción, los obstáculos que ponen estos países a una iniciativa que Berlín quiere sacar adelante este mes de julio, son motivos suficientes para pensar que, más allá de la controversia moral que supone tener en tu club un socio que te roba, esta iniciativa contra Holanda, Irlanda y Luxemburgo entre otros, no llega ahora por casualidad. En cualquier caso, un país como España, con un déficit de recaudación fiscal casi endémico, no puede más que felicitarse por este cambio de actitud. Esperemos que Alemania, Francia, Italia y España hagan valer su peso y consigan, de una vez por todas, terminar con los ladrones que dan lecciones de economía.