La vuelta de los impuestos

La vuelta de los impuestos

RODRIGO RATO
16 abril, 2021
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Actualizado: 16 abril, 2021 9:22
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El norteamericano Benjamin Franklin ya nos dijo «que en la vida hay dos cosas seguras, la muerte y los impuestos». George Harrison escribió y canto «Taxman» en 1966, cuando todo era subir los impuestos, en la fase final de la política económica que comenzó en 1945 con el Estado como protagonista de un mundo endeudado y arrasado por la II Guerra Mundial. En 1979 llegaron Margareth Thatcher y Ronald Reagan. «El Estado es el problema», «hay que dejar a la bestia sin alimento» y otros eslóganes que fueron extendiéndose hasta Tony Blair con el Nuevo Laborismo y Bill Clinton con la Tercera Vía. Privatizaciones, desregulaciones y globalización eran las reglas nucleares de las políticas económicas hasta en la China comunista, nunca mejor dicho. El mayor éxito del capitalismo se ha producido en un país comunista.

2021 nos trae el gran cambio desde Estados Unidos. Subir los impuestos. Antes los gastos y las deudas se han disparado allí y en todos sitios. Una cosa lleva inexorablemente a la otra. El dominio de la austeridad impidió el crecimiento de las deudas en la crisis del 2008, a costa de bajo crecimiento y el aumento de las desigualdades. Pero hace más de 10 años que el Estado empezó a intervenir de forma masiva en los mercados, comprando deuda y activos financieros. Un reparto de riqueza cada vez más concentrado en los partícipes en los mercados de capitales.

EE.UU. ha inaugurado un activismo fiscal desconocido en tiempos de paz. Primero con Donald Trump bajando los impuestos, después aumentando el gasto para compensar los efectos económicos de la Covid. Pocas alternativas le quedaban a su sucesor que seguir repartiendo dinero público, incluso muy por encima del daño económico producido por la pandemia. ¡Quien pudiera! pensaran muchos. Inevitablemente los impuestos han pasado al centro de la política económica. Las cuestiones es saber elegir cuáles y cuando. No es tan fácil.

Contrario a lo que sostiene nuestra Agencia Tributaria, la recaudación no depende principalmente de los tipos impositivos ni de la persecución tributaria. De poco sirve subir los impuestos en una economía en caída. Biden lo sabe bien y ha elegido a las grandes empresas globales norteamericanas con ingresos en todo el mundo para sus incrementos impositivos. Ellas han sido las mayores beneficiarias hasta ahora de la competencia entre Estados por ofrecer bajos tipos en el Impuesto de Sociedades. Las protagonistas de la digitalización y el teletrabajo son en gran parte norteamericanas. Así, nada será mejor que un tipo mínimo para las empresas norteamericanas, desde el punto de vista del Estado norteamericano. Los europeos no podrán negarse, llevan años pidiéndolo. Los ingresos gigantescos se producen en las tecnológicas, principalmente norteamericanas o chinas. Serán pues estos Estados los grandes beneficiarios de un pacto en la OCDE sobre impuestos empresariales.

La Administración Norteamericana sabe bien que el mercado doméstico no es donde está el tesoro. Pero no todos los países están en sus circunstancias. Bien es cierto que los consumidores europeos compran muchos productos de las tecnológicas. Esa será la prioridad europea, la llamada “ tasa Google” aprobada pero no aplicada por varios países europeos, temerosos ante las posibles represalias comerciales. Donde la Unión Europea lleva la delantera es con respecto a la imposición medioambiental. Una futura tasa al carbón ya ha llevado a la Administración Biden a oponerse a los planes europeos de aplicarla. “Sería la última solución” ha afirmado John Kerry , encargado por Biden de la política frente al cambio climático. Todo apunta a una importante negociación sobre impuestos empresariales y medioambientales entre los socios atlánticos. Aunque otros actores, sobre todo asiáticos, tienen sus bazas. La globalización ya no es anglosajona, europea y blanca.

La necesidad de reducir el peso de las deudas con los respectivos PIBs exige crecer, aumentado los potenciales de cada economía. Subir los impuestos a los ciudadanos y las empresas domésticas para pagar las deudas de la COVID puede ser contradictorio con la necesaria expansión. Esta contradicción lleva ya a buscar nuevas áreas para recaudar. La mayor parte de ellas globales, ligadas a la tecnología y a la energía. La agenda está servida.

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