Mutatis mutandis

Mutatis mutandis

Rafael Jiménez
23 octubre, 2020
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Actualizado: 24 octubre, 2020 14:12
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Europa nos va a dar 140.000 millones, grosso modo. Veremos cuándo llega, porque el trámite se está complicando tanto en instancias europeas como en las de los socios, veremos cuándo llega porque tampoco el gobierno facilita las cosas con sus globos sondas sobre renuncia a pedir los créditos o sus derivas radicales en torno a la Justicia, afortunadamente ahora reencauzadas.

Sin embargo, siendo una cantidad importante y en la que tenemos depositadas nuestras esperanzas, se queda en nada cuando escuchamos que las empresas españolas necesitarán hasta 136.000 millones de euros para recuperar la solvencia previa a la pandemia, un parámetro que se ha visto tremendamente dañado por las pérdidas de este aciago 2020, y todo, además con especial hincapié en las pymes. Y que todo esto va a suponer que casi una de cada siete empresas entre en riesgo de quiebra, y eso es mucho decir.

Vamos, que con todo el dinero que nos piensa dar Europa apenas tendríamos para dotar de nuevo de solvencia a nuestras empresas. Habrá quien diga que las crisis son coyunturas depuradoras, y quizá no le falte razón, pero esta crisis es distinta, de dimensiones inéditas y, cómo es lógico, los más pequeños, los más vulnerables, serán los primeros en caer. Y eso, en una economía cuyo tejido empresarial está formado, en un noventa y tantos por ciento larguísimo por pymes y micropymes, es un lujo que no nos podemos permitir. El Estado no podrá sostenerlo todo, las empresas son las que crean empleo y, si no hay empresas, ¿quién va a generar la actividad económica y los puestos de trabajo?

Obviamente, si tuviera la solución me retiraría tras venderla al mejor postor, pero como no la tengo sólo puedo reflexionar.  Y aquí es donde me viene a la cabeza una comparación que no sé si es justa, pero cuando menos es obligado hacerla. Escucho a los expertos en RRHH un día y otro que los trabajadores hemos de cambiar el chip, que tenemos que aceptar que el formato de trabajo asalariado, de contrato indefinido y relación exclusiva o casi con tu empresa se ha terminado, que tenemos que convertirnos en prestadores de servicios que van cambiando según las necesidades de tus contratadores..,, milonga para rebajar las condiciones del trabajador, me digo yo. Pero comprando la idea, se me ocurre, ante la difícil coyuntura a la que se enfrentan las empresas, que también ellas, ya puestos tienen que hacer un ejercicio de reinvención, que hemos de transformar la forma en la que nuestro tejido empresarial, muy centrado en sectores de poco valor añadido y muchas veces con excesiva dependencia de lo púbico, se reinventa. Pidámosle también a nuestros empresarios, también a los pequeños, un ejercicio de realidad, de adaptación y de flexibilidad. Será eso, o la desaparición.

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