Reflexiones en torno a la migración

Reflexiones en torno a la migración

05 octubre, 2016
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Actualizado: 05 octubre, 2016 22:25
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Echando una mirada a la historia de los últimos cinco siglos comprobamos que ha habido una enorme translación de masas humanas, adquiriendo el fenómeno en cada sitio unas características propias. Están los colonizadores de América Latina, que gracias a decenas de miles de cristianos, sacerdotes y religiosos han logrado crear toda una nueva civilización mediante el mestizaje, mientras en el norte se realizó más bien un trasplante desde Europa, con el ingrediente de la aparición de los negros, inicialmente como esclavos traídos por la fuerza desde África.

Ola de migración

Ambas guerras mundiales del siglo pasado han provocado una ola de migración sin precedentes de europeos a todos los demás continentes. Este capital humano trajo conocimientos, cultura y tecnología que son elementos importantes en la conformación y progreso de naciones y estados en toda América, en Oceanía, en África y en algunos puntos de Asia.

Últimamente la migración está motivada por la violencia étnica o religiosa, y sobre todo por la pobreza, debida a la falta de una cultura humana y jurídica que ofrezca garantías, favorezca instituciones etc. Sin embargo, el motivo primordial de la migración ha sido la diferencia enorme entre ricos y pobres, en términos de ingreso per cápita. Daron Acemoglu (MIT) y James A. Robinson (Harvard) han demostrado empíricamente que el motivo principal del progreso económico no es la etnia, ni el idioma, ni la situación geográfica de una nación, sino sólo la calidad de sus instituciones (Why Nations Fail, 2012). Los países económicamente exitosos manifiestan tener una combinación de instituciones económicas, políticas y sociales como resultado de una cultura apropiada que fija normas, valores y modos de comportamiento en la convivencia social.

Modelo social disfuncional

Paul Collier (ˇÉxodo´, 2013) denomina a esta combinación un modelo social. Y así, los migrantes abandonan una modelo social disfuncional, que es la causa de la propia pobreza, para establecerse dentro de un modelo social con éxito. De esta manera se trata de disfrutar de los bienes públicos que han sido obtenidos gracias al trabajo de generaciones, en el sentido de que su propio trabajo alcanza una productividad muy superior en su propio provecho. Esto es precisamente el enorme atractivo de la migración, que lleva consigo grandes costos financieros, psicológicos y sociales. Por esta misma razón no migran los más pobres, sino los que tienen medios para afrontar tal mudanza. Y esto explica de paso la paradoja de que en países con un crecimiento económico lento se puede observar no una reducción de la migración, sino todo lo contrario.

Los migrantes prefieren destinos en donde ya están viviendo gente de su propio país en régimen de diáspora, porque este enganche permite reducir notablemente el costo y la complicación del cambio. Por eso, cuanto más numeroso es el grupo en diáspora, tanto más deseo habrá para integrarse en él. El problema que plantea este proceso es que diásporas grandes –por ejemplo, los turcos que viven en un ´gheto´ en Berlín – dificultan la integración del migrante en su nuevo país, favoreciendo así grupos sociales paralelos, altamente problemáticos.

Estos grupos paralelos suelen ser una carga considerable para el país huésped, pudiendo llegar a dividirlo en la cuestión de cómo y en qué medida ayudarles y dar lugar a la aparición de actitudes hostiles hacia los migrantes.

Derecho al aprovechamiento gratuito

De todo esto se deduce que el país receptor de la migración tendría que permitirla en dosis asimilables, lo cual plantea la bien conocida cuestión moral: ¿tienen los países desarrollados la obligación de admitir todos los pobres que se presenten a sus puertas? Obviamente, una tal obligación no puede existir porque supondría arriesgar el propio bienestar y hasta la propia identidad cultural y religiosa. Por tanto, tampoco puede darse un derecho al aprovechamiento gratuito de los bienes del país huésped. Esto significa que actualmente, por la fuerza de los hechos, los países de destino de la migración no tendrán más remedio que limitarla o reconducirla a otros países.

Con todo, los países ricos no pueden negar la ayuda en situaciones de extrema emergencia, como es el caso de los salvamentos de personas en el Mediterráneo o la acogida a los niños: actualmente, en todo el mundo están escapando ante la guerra y la violencia 28 millones de niños, en parte sin padres o personas mayores que se preocupen de ellos.

Otro imperativo moral es ayudar a una integración rápida de las personas aceptadas, lo cual supone sobre todo por parte de los migrantes el no pretender imponer a todo precio su propia religión y cultura en el nuevo país. Aquí hay que tener en cuenta, que cuando los grupos sociales de inmigrantes son grandes, suponen un caldo de todo tipo de problemas y tensiones, especialmente cuando pretenden imponer su propia cultura y leyes, como por ejemplo, el intento de que la ley del Corán prevalezca sobre la Constitución del país, con la consiguiente discriminación brutal de la mujer. Esta actitud no debería tolerar ningún país huésped.

La solución: una economía abierta y libre

La solución ideal al problema migratorio es muy difícil y requiere tiempo, porque se trataría de que en los países pobres se instauren instituciones y normatividad jurídica que permita la aparición de procesos productivos, gracias al respeto de los Derechos Humanos como el de la propiedad. En este sentido, Angus Deaton (premio Nobel en asuntos sociales y políticos) afirma que es imposible desarrollar un país pobre con ayudas públicas desde fuera, hasta tal punto, que todos los intentos en el pasado, en este sentido, han resultado nulos (Hristos Doucougliagos y Martin Paldam: ´The ineffectiveness of development aid on growth´, 2011).

En cambio grandes progresos tuvieron lugar en cuanto un país menos desarrollado ha creado las condiciones-marco necesarias para el funcionamiento de la economía abierta y libre, porque atrae la inversión extranjera que a su vez genera empleo. Esta alternativa es

la que realmente funciona, allí donde el Estado ha llegado a comprender a fondo el proceso libre de la producción económica, protegiéndola con sus leyes e instituciones. Pero esto se dice pronto. No podemos olvidar que el Occidente judeo-cristiano ha necesitado casi dos mil anos para llegar a tener las instituciones y los Derechos actuales, por lo que no nos puede extrañar que África, por ejemplo, tarde tanto en concretar sus instituciones. Normalmente, lo que pasa es que se adoptan sin más las instituciones de Europa y USA, entre las que tiene que estar muy destacada la institución educativa y la familiar. Sin estos dos pilares basileras, nunca se saldrá de la barbarie.

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