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La economía argentina se encuentra en recesión tras el estallido de una crisis cambiaria en abril de 2018, que luego se contagió a otros sectores y derivó en una caída generalizada de la actividad y el consumo, con alta inflación, un cuadro que se ha profundizado en 2020 con la crisis del coronavirus. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Argentina, al borde de su noveno ‘default’

Paul Mielgo

Argentina vuelve a estar al borde del precipicio. Podría entrar en suspensión de pagos este mismo mes, cuando el país encara negociaciones decisivas con los acreedores internacionales.

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El gobierno de Buenos Aires presentó en abril una propuesta para reestructurar 65.000 millones de dólares de su deuda externa. La oferta, que expira el viernes, ya ha sido rechazada por un grupo de grandes inversores. Por otro lado, le vence el 22 de mayo un periodo de gracia sobre un monto de 500 millones de dólares en pago de intereses sobre deuda externa.

Si no alcanza un acuerdo y no cumple con sus obligaciones financieras, Argentina podría caer en su noveno default de la historia. Y llegaría con apenas cinco meses del gobierno peronista de Alberto Fernández. El país que fuera el granero del mundo, ha estado lidiando con una recesión de dos años, una inflación por las nubes y una galopante crisis de deuda. Y como casi todo el mundo, los argentinos están confinados desde mediados de marzo.

El ministro de Economía, Martín Guzman, dijo al Financial Times que el país estaba dispuesto a incumplir el pago de 65.000 millones de dólares a no ser que los inversores se pusieran de acuerdo con las recientes negociaciones. Según Guzman, la pandemia del coronavirus hace inviable el pago de la deuda. Ante la doble crisis sanitaria y económica, los mercados emergentes como Argentina, con menor músculo financiero, están en mayor riesgo de default. Al menos 102 países han pedido ya ayuda al Fondo Monetario Internacional y el Instituto de Finanzas Internacionales está coordinando los esfuerzos para ofrecer algo de alivio a los países más pobres. Pero este alivio necesitaría del respaldo de los acreedores.

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El problema es que los mercados emergentes deben más de 8,4 Billones de dólares en deuda denominada en moneda extranjera, es decir alrededor del 30% del PIB del mundo desarrollado. Al menos 730.000 millones vencen en lo que queda de año. El temor es que la debilidad de sus monedas junto con la disminución de las reservas extranjeras y el crecimiento mundial más lento, agravado todo ello por el desplome de los precios del petróleo, dificultará que algunas economías emergentes puedan cumplir con sus obligaciones y puedan por lo tanto caer en suspensión de pagos.