‘Déjà vu’ en Pekín

‘Déjà vu’ en Pekín

Paul Mielgo
19 junio, 2020
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Actualizado: 19 junio, 2020 0:40
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El nuevo brote de coronavirus en Pekín es un recordatorio de que en la historia de esta pandemia global probablemente solo estemos viviendo el primer capítulo. Para los residentes de la capital china, ha sido como un regreso al pasado, un ‘déjà vu’.

Después de meses de vida normal y cero nuevos contagios, el resurgir repentino del virus ha devuelto las mascarillas al paisaje de la ciudad con más de 20 millones de habitantes, los eventos se han vuelto a suspendir y los niños sin poder ir al colegio se quedan en casa. Los planes que se habían pospuesto como bodas y vacaciones de verano, se cancelan nuevamente.

El resurgimiento es sorprendente porque China, el país donde supuestamente se originó el coronavirus el año pasado, tiene uno de los diques de contención contra la propagación  más estrictos del mundo. El régimen autoritario del país asiático para monitorear y restringir los movimientos de sus ciudadanos van mucho más allá de las medidas adoptadas en Occidente.

Si bien las más de 150 infecciones detectadas hasta ahora en Pekín son mucho menos de las registradas diariamente en Estados Unidos, lo inquietante es que han salido a luz de repente después de casi 60 días sin contagios conocidos en la ciudad. El mercado Xinfadi en el distrito de Fengtai, origen del nuevo brote, dice que tiene su rastro de inicio en una tabla de cortar salmón importado utilizada en una de las pescaderías. Esto, junto con la secuenciación del genoma que revela que la cepa coincidió con la detectada en Europa, ha provocado un boicot nacional del salmón importado que ha afectado a socios comerciales como Noruega y Australia.

Pero si realmente los alimentos pudieran transmitir el virus a través de las fronteras, la pandemia debería ser mucho más grande de lo que es ahora, considerando lo interconectado que está el suministro global de alimentos. Parece más probable que a medida que los chinos volvían a su nueva normalidad en los últimos meses pensando que lo peor ya había pasado, el virus acechaba sigilosamente entre la población. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades de China cree que puede persistir en lugares oscuros y húmedos, pero nadie sabe realmente dónde se ha estado escondiendo.

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