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Lagarde no se olvida del cambio climático pese al virus

Paul Mielgo

La pandemia podría haber hecho descarrilar fácilmente el plan de Christine Lagarde de involucrar al Banco Central Europeo en la lucha contra el cambio climático. Pero la presidenta del BCE se aferra a su estrategia. “Aquellos que me escuchan atentamente, es un tema que me interesa mucho, que creo que tiene una dimensión sistémica”, dijo en la rueda de prensa posterior a la reunión de política monetaria del 10 de septiembre.

Lagarde hizo de la lucha contra el calentamiento global una de sus prioridades durante sus ocho años como directora gerente del Fondo Monetario Internacional. Entonces advirtió que la Humanidad acabaría asada, tostada y frita si no se actuaba. Reiteró ese mensaje cuando defendió su nominación para convertirse en la primera mujer en presidir el BCE, y dijo a los miembros del Parlamento Europeo que combatir el cambio climático debería ser una “misión crítica” para la institución con sede en Frankfurt.

Lagarde llevaba menos de cuatro meses al mando del eurobanco cuando Italia registró su primera muerte por Covid-19 en febrero. De repente, el nuevo coronavirus planteó un peligro más latente que los gases de efecto invernadero. Lo más urgente era apuntalar la economía de la zona del euro, que se contrajo casi un 15% en el segundo trimestre, en comparación con el mismo período del año pasado, la mayor contracción en tiempos de paz. Pero en lugar de permitir que la Covid-19 desplace al cambio climático de su agenda, Lagarde lo ha utilizado para intentar persuadir a los escépticos de que el fenómeno del calentamiento global está dentro del ámbito de la política monetaria.

Otros banqueros centrales se resisten de momento a tener en cuenta la variable climática. “La respuesta general de la sociedad al cambio climático debe ser decidida por políticos electos y no por la Fed”, decía en enero el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. El argumento de Lagarde es que el BCE no podrá cumplir su mandato de preservar la estabilidad de precios si no está atento a las amenazas inesperadas. Este año, ha sido un virus el que ha paralizado casi por completo la economía mundial.

Lagarde se pregunta si es realmente inimaginable que la próxima crisis pueda desencadenarse por una serie devastadora de desastres naturales. La medida que podría tomar el BCE para ayudar a aliviar el calentamiento global, según la francesa es ecologizar el enorme programa de estímulos. Lagarde quiere que el banco central priorice la compra de bonos verdes, pero sabe que esto no se puede hacer de la noche a la mañana. El mercado europeo de bonos corporativos verdes es todavía pequeño, alrededor de 100.000 millones de euros y la institución debe tener cuidado de no marginar a otros inversores.