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Los presidentes de Estados Unidos y China, Donald Trump y Xi JinpingLos presidentes de Estados Unidos y China, Donald Trump y Xi Jinping./EFE

Vuelve la guerra comercial

Paul Mielgo

Después de meses obsesionados con curvas de contagio, ambiguos anuncios corporativos y datos económicos descontrolados, los inversores corren el riesgo de verse sorprendidos por un viejo enemigo: la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

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El presidente Donald Trump y su administración han endurecido sus críticas contra Pekín, exigiendo respuestas sobre el origen de la pandemia de coronavirus a medida que el número de muertos se acerca a 70.000 en territorio norteamericano.

Las renovadas tensiones comerciales entre las dos mayores economías del mundo llega en el peor momento para los mercados internacionales, que ya empiezan a descontar un rebote en la actividad con la reapertura de la economía.

La volatilidad en Wall Street va en aumento ante este nuevo rebrote de una disputa comercial que parecía olvidada. La geopolítica era lo que faltaba para conjugar una tormenta perfecta junto a la pandemia y la recesión. Los expertos de JPMorgan Chase reconocen que los activos de riesgo podrían caer otro 10% si Trump decide aumentar los aranceles en una gama más amplia de productos chinos, lo que marcaría un retorno a la estrategia aplicada por el presidente en 2018 y 2019.

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Trump incluso afirma ahora que China está tratando de dañar su campaña electoral y que tiene pocas dudas de que el gigante asiático ha engañado al mundo sobre la dimensión y el riesgo de la enfermedad antes de que se convirtiera en una pandemia mundial. La esperanza para muchos inversores es que una escalada de tensión entre Washington y Pekín no interesa a ninguna de las dos partes. Ambos países querrán evitar cualquier presión adicional sobre sus economías azotadas por virus.

Los datos de la semana pasada mostraron que las exportaciones de China se desplomaron y el producto interno bruto de Estados Unidos sufrió la mayor contracción desde 2008. Cuando comenzó la guerra comercial, la economía mundial gozaba de relativa buena salud y resultó sorprendentemente resistente a pesar de los crecientes aranceles entre Estados Unidos y China.

 

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