Unas cosas pasan, también otras

Unas cosas pasan, también otras

RODRIGO RATO
12 febrero, 2021
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Actualizado: 12 febrero, 2021 9:49
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Desde 2009 la política monetaria está experimentando grandes e históricos cambios, al mismo tiempo que se adentra en terrenos desconocidos y hasta casi contrarios a sus mandatos legales. Desde los 1990 sólo el Banco de Japón había intervenido comprando deuda pública sin haber conseguido salir de la deflación. La adopción en 2009 por parte de la Reserva Federal de compras de deuda, primero pública y después también privada, le dio a estas políticas la respectabilidad de lo inevitable. En 2014 el Banco Central Europeo avanzó por los mismos derroteros, por los que con peculiaridades todos los bancos centrales de los paises desarrollados están transitando. Compra masiva de deuda, de acciones, control de la curva de tipos, introducción de tipos de Intervencion negativos para la liquidez que dan a los bancos. Así los mercados financieros han dejado de responder exclusivamente a las reglas de oferta y demanda basadas en fundamentales económicos. Buen ejemplo de ello es el tipo de interés de las deudas euro totalmente alejadas de la realidad o que el 30% de la deuda mundial con grado de inversión tiene ahora tipos negativos.

La Covid ha llevado a incrementar estas políticas, que así llevan ya más de 10 años en EEUU y en Japon, a lo que se ha sumado grandes paquetes de estímulos fiscales orientados a compensar la caída de la actividad. Las realidades son distintas en cada país con EEUU a la cabeza, superando en 6 veces los estímulos de Obama en 2009. La inmensa liquidez generada por las combinaciones expansivas fiscales y monetarias también han llegado a muchas materias primas con sus precios subiendo desde hace meses, a las curvas de tipos de interés desplazándose al alza, a las prespectivas de inflación, las más altas en la zona euro en 5 años. Pero también a nuevos movimientos especulativos sobre acciones, cripto monedas y activos refugio. Las expectativas sobre monedas nacionales sobrecargadas de deuda pública, cuyo respaldo es la confianza, se erosiona. Históricamente los Estados han pagado sus excesos de deuda con inflación y depreciación de las monedas. ¿Por que tendría de ser distinto esta vez?

La tecnología también juega un papel en la creación de liquidez al permitir la aparición de mercados para todo tipo de productos con solo acceder a la red. Especulación y riesgos de sobrecalentamiento que se manifiestan de manera acelerada, con unos reguladores públicos sobrepasados. Los pequeños inversores norteamericanos derrotan a los especuladores institucionales apostando contra ellos respecto a unas determinadas acciones, con independencia de su valor fundamental. No es fácil ya saber si la FED subirá tipos con inflaciones del 2,5%, del 3% o de más. Máxime cuando con un nivel de deuda pública norteamericana en récords incrementar su coste sería recesivo, inasumible para un Presidente Biden con poco tiempo para dar resultados. Más de 100 economistas europeos le piden al BCE que condone la deuda de sus Estados, haciendo realidad el temor atávico de los paises del Norte: pagar de su bolsillo las deudas de un Sur indisciplinado. No parece que los firmantes de ese documento piensen en hacer más fácil la Union Fiscal en la zona euro. Varios candidatos a las próximas elecciones catalanas plantean la condonación de la deuda. Pronto lo veremos en los debates de la Carrera de San Jerónimo con repercusión en la credibilidad financiera española.

Es cierto que nuevas condiciones demográficas y tecnológicas llevan tiempo reduciéndo los riesgos inflacionistas. Viejas relaciones entre empleo y precios pueden haber cambiado. Las compras de activos por los bancos centrales desde 2009 no generaron presiones de precios. Sin embargo el fin de la relativa austeridad fiscal para luchar contra la Covid ha multiplicado los estímulos, lo que es necesario pero puede tener consecuencias. La suspensión temporal de las ortodoxias monetarias, financieras y fiscales ha sido una necesidad y un reconocimiento de la prioridad del proteger a los ciudadanos. Lo que no excluye que avanzamos en territorios desconocidos, donde la vuelta a equilibrios se hara necesaria. Vivimos tiempos extraordinarios que exigen medidas extraordinarias por definición insostenibles en el tiempo. Aceptar que el futuro de las políticas macroeconómicas será distinto es necesario pero también genera desconfianzas. Excesiva liquidez y reducción de la confianza es el mejor caldo de cultivo para lo incontrolable. Habrá un antes y un después macroeconómico a 2020.

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