La histórica reunión entre Xi Jinping y la dirigente opositora taiwanesa Cheng Li-wun —la primera en una década— marca un giro simbólico en las relaciones a ambos lados del Estrecho. Pekín busca proyectar una imagen de diálogo mientras mantiene la presión militar y rechaza cualquier independencia taiwanesa, en una estrategia dual que combina acercamiento político y coerción . La visita, presentada como un intento de evitar la guerra, evidencia también las divisiones internas en Taiwán y el intento chino de influir en su futuro político .
En paralelo, la visita de Pedro Sánchez a China refuerza el papel de España como interlocutor europeo en un contexto de enfriamiento con Estados Unidos. Sánchez ha apostado por el multilateralismo y una mayor implicación china en conflictos globales, al tiempo que impulsa la cooperación económica . Este doble escenario refleja un reequilibrio geopolítico donde China gana protagonismo.