El tablero internacional afronta una doble encrucijada estratégica: en la Tierra y más allá de la atmósfera. En Oriente Medio, el tercer aniversario de los atentados del 7 de octubre halla a un Benjamín Netanyahu en horas bajas ante unas elecciones parlamentarias decisivas. Cuestionado por fallos de inteligencia y el desgaste bélico, la continuidad del primer ministro definirá el rumbo de un actor nuclear clave para la frágil estabilidad regional y el equilibrio global.
En paralelo, la pugna geopolítica escala al espacio orbital, consolidado como teatro de defensa crítica. Washington impulsa capacidades de control espacial —armas cinéticas, láseres de energía dirigida y guerra electrónica— bajo iniciativas como el proyecto ‘Cúpula Dorada’. Este blindaje despierta el recelo de Pekín y Moscú, acelerando una carrera armamentística orbital que amenaza con trasladar la disuasión nuclear y la hegemonía tecnológica a las estrellas.