Washington ha dado un golpe de efecto en la geopolítica mundial tras pactar con Dinamarca el aumento del despliegue militar estadounidense en Groenlandia. Este acuerdo consolida el control de la Casa Blanca sobre el Ártico, redefiniendo la estrategia defensiva de la OTAN en la región, aunque a costa de reabrir brechas con sus aliados europeos, que observan con inquietud el creciente unilateralismo norteamericano.
Paralelamente, la cumbre del pasado jueves 24 de septiembre entre Donald Trump y Xi Jinping evidenció las profundas tensiones que distancian a ambas potencias. Aunque se pactaron treguas parciales en la guerra comercial mediante la revisión de ciertas cláusulas arancelarias, el verdadero trasfondo del encuentro se concentró en la competencia por la hegemonía tecnológica y la inteligencia artificial. Pekín volvió a utilizar el control de las tierras raras como baza estratégica para salvaguardar sus cadenas de suministro, dejando claro que el pulso por el liderazgo industrial global continúa en un frágil equilibrio.