La nueva propuesta de Donald Trump para Gaza plantea una solución supervisada por EE. UU., con una soberanía limitada para los palestinos y un fuerte control de seguridad por parte de Israel. Aunque se presenta como un intento de paz, el plan ha sido criticado por su desequilibrio: impone restricciones severas a la autonomía palestina y blinda los intereses israelíes.
La «letra pequeña» incluye la desmilitarización de Gaza, el control israelí sobre las fronteras y la exclusión de Hamás del futuro gobierno palestino. En este contexto, los principales beneficiados son Israel y Washington, que refuerzan su influencia geopolítica en la región.
El reconocimiento de Palestina por parte de más de 140 países ha presionado para que cualquier solución tenga legitimidad internacional. Sin embargo, el plan de Trump parece ignorar ese nuevo consenso global, apostando más por la estabilidad a corto plazo que por una paz justa y duradera.