Europa encara un escenario geoeconómico crítico que amenaza su soberanía y competitividad. En el plano industrial, el rezago es evidente: China ya instala cinco veces más robots industriales que el bloque comunitario y advierte con firmeza ante cualquier intento de contención comercial. Paralelamente, la brecha tecnológica se amplía mientras potencias como EE. UU. y China aceleran en la carrera de la inteligencia artificial sin intención de frenar.
La vulnerabilidad energética agrava el panorama. Tras prescindir del gas ruso, la dependencia del suministro estadounidense encarece los carburantes, mientras los conflictos en Oriente Medio comprometen la oferta global. Ante esto, la integración de Canadá como socio estratégico y la redefinición de la relación con Reino Unido tras una década de Brexit emergen como vías de alivio. Sin embargo, financiar un proyecto común o recurrir a deuda europea choca con la exigencia de los países «frugales» de recortar sensiblemente el presupuesto comunitario.