El descenso de la natalidad se ha convertido en uno de los principales factores que redefinen el equilibrio geopolítico global. Países desarrollados y grandes potencias asiáticas, como China, Japón o Corea del Sur, afrontan un rápido envejecimiento de la población y una reducción de su fuerza laboral. Esta tendencia amenaza el crecimiento económico, incrementa la presión sobre los sistemas de pensiones y reduce la capacidad productiva y militar de los Estados.
Mientras Asia oriental comienza a perder dinamismo demográfico, regiones como África subsahariana concentran el mayor crecimiento poblacional del planeta. Los expertos consideran que esta transformación podría modificar el reparto del poder económico y político durante las próximas décadas. La demografía vuelve así al centro del debate estratégico internacional. Gobiernos de todo el mundo buscan fórmulas para incentivar la natalidad y atraer inmigración cualificada, conscientes de que el tamaño y la estructura de la población seguirán siendo elementos decisivos para la influencia global.