Los conflictos en Ucrania y Oriente Medio han transformado el arte de la guerra, imponiendo el uso masivo de drones autónomos, sistemas de guerra electrónica y misiles de largo alcance. Esta nueva doctrina bélica impacta de lleno en el equilibrio estratégico del Norte de África, obligando a replantear el marco defensivo en el Magreb.
En este escenario, la capacidad de disuasión en la frontera sur ya no depende exclusivamente del despliegue de tropas convencionales sobre el terreno, sino de la superioridad tecnológica y la saturación del espacio aéreo. La arquitectura defensiva de Ceuta y Melilla afronta el reto de adaptarse a amenazas asimétricas y ataques a distancia que buscan neutralizar la profundidad estratégica.
El refuerzo de los sistemas antiaéreos, la cúpula antidrones y la integración de inteligencia en tiempo real se consolidan como ejes vitales para garantizar la soberanía e integridad territorial ante los nuevos paradigmas de combate global.