La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha abierto una nueva etapa en la lucha del Estado mexicano contra el narcotráfico. El operativo, llevado a cabo por el Ejército y fuerzas federales tras un largo seguimiento de inteligencia y con apoyo informativo de Estados Unidos, terminó con la vida del capo más buscado del país tras un enfrentamiento de varias horas en el estado de Jalisco.
La caída de Oseguera supone el primer gran golpe del Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum contra el crimen organizado y un intento de demostrar la capacidad del Estado para enfrentarse a los cárteles más poderosos. Durante años, el CJNG se consolidó como una de las organizaciones criminales más influyentes del mundo, con redes de narcotráfico que se extienden por decenas de países y un enorme poder económico y militar.
Sin embargo, el desafío no ha terminado. La muerte de su líder ha provocado reacciones violentas del cartel, con bloqueos de carreteras, quema de vehículos y ataques contra fuerzas de seguridad en distintos puntos del país. Además, el vacío de poder dentro de la organización podría desencadenar luchas internas por el control del grupo, lo que aumentaría la inestabilidad en varias regiones.
Para Sheinbaum, el mensaje es claro: iniciar una ofensiva más directa contra los grandes capos del narcotráfico. Pero la historia reciente de México demuestra que eliminar a un líder no siempre significa desmantelar el poder del cartel.