En las últimas semanas, Nepal ha sido escenario de protestas masivas, reflejo de tensiones internas que se suman a una compleja realidad geopolítica. Este pequeño país himalayo, enclavado entre dos gigantes —China y la India—, vive constantemente bajo su influencia. Mientras que Pekín busca ampliar su presencia a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, Nueva Delhi trata de mantener su histórico dominio cultural y económico.
La reciente oleada de revueltas, impulsada por descontento social y desacuerdos políticos, expone la fragilidad institucional del país. Pero también reaviva el interés internacional: Nepal es clave en las rutas comerciales y estratégicas del sur de Asia. Su neutralidad tradicional está siendo puesta a prueba en un tablero global cada vez más polarizado. ¿Podrá mantener su soberanía sin convertirse en peón de sus poderosos vecinos? La respuesta podría definir el futuro de la región.