El mapa de la seguridad internacional experimenta una profunda transformación en dos frentes clave. En el Cáucaso Sur, Armenia emerge como nuevo epicentro de fricción entre Rusia y Occidente. Con el impulso de su «Cuarta República», el Ejecutivo de Nikol Pashinián busca aproximarse a la Unión Europea y la OTAN mientras se desmarca de Moscú, que aún retiene poderosas palancas de presión sobre Ereván como la dependencia del gas y su presencia militar.
En paralelo, Tokio consolida un viraje histórico en su política de defensa al cumplirse el 72º aniversario de sus Fuerzas de Autodefensa. Ante el creciente desafío en el Indo-Pacífico, Japón abandona su tradicional perfil pacifista para elevar sus capacidades de disuasión y estrechar la cooperación estratégica y tecnológica con Europa y España. Ambos movimientos confirman la acelerada transición hacia un tablero internacional multipolar y cada vez más interconectado frente a las amenazas compartidas.