En mayo de 2025, el enfrentamiento militar entre India y Pakistán volvió a encender las alarmas internacionales. El choque, limitado pero intenso, evidenció una vez más la fragilidad de la estabilidad en el sur de Asia, una región marcada por disputas históricas, especialmente en Cachemira. Que ambas naciones sean potencias nucleares otorga a cada escalada un potencial desestabilizador global, obligando a la comunidad internacional a redoblar esfuerzos diplomáticos para evitar una deriva mayor con consecuencias geopolíticas de largo alcance.
Mientras tanto, en Oriente Próximo, Irán atraviesa uno de sus momentos más delicados. Las protestas y huelgas se han extendido pese a la represión, alimentadas por una profunda crisis económica y el desgaste del régimen de los ayatolás. La pérdida de aliados regionales clave y el temor a una combinación de movilización interna e intervención externa plantean una pregunta central: ¿podría estar en riesgo la supervivencia de la República Islámica? El escenario sigue abierto y cargado de incertidumbre.