La captura de Nicolás Maduro tras la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026 ha sacudido el tablero político latinoamericano y reabierto un viejo debate: ¿intervención humanitaria o ruptura del orden internacional? Washington defiende la acción como un paso necesario para liberar a la población venezolana, pero la ausencia de un mandato explícito de la ONU y el interés estratégico sobre las mayores reservas de petróleo del mundo alimentan las sospechas sobre sus verdaderos objetivos.
El futuro inmediato de Venezuela es incierto. Con Maduro fuera de escena y un poder provisional frágil, el país se enfrenta a un riesgo real de vacío institucional, tensiones internas y disputas entre actores civiles y militares. La región observa con inquietud un posible efecto dominó. En este contexto, figuras como José Luis Rodríguez Zapatero reaparecen como mediadores informales en busca de una salida negociada.
Paralelamente, amenazas no militares como la Peste Porcina Africana recuerdan que, en un escenario de guerra híbrida, los protocolos NBQ y la cooperación internacional son tan decisivos como los tanques o las sanciones.