El sur de Yemen vuelve a situarse en el centro de la inestabilidad regional. La campaña militar en curso, protagonizada por fuerzas locales con el respaldo indirecto de potencias como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, evidencia las fracturas internas de la coalición que interviene en el país. Más allá del terreno yemení, el conflicto tiene implicaciones directas para la seguridad del Golfo, una región estratégica para el comercio energético mundial. La falta de una estrategia común entre los actores regionales amenaza con prolongar una guerra que ya ha generado una de las peores crisis humanitarias del planeta.
En paralelo, en Asia Oriental, Japón y Corea del Sur han dado un paso significativo al firmar nuevos acuerdos de cooperación. El acercamiento entre ambos países refuerza la coordinación en seguridad, economía y tecnología, y envía un mensaje de estabilidad en un contexto marcado por la rivalidad con China y la amenaza norcoreana. La alianza puede redefinir el equilibrio regional.