Miles de fieles arropan al Cristo de Mena en Málaga

Miles de fieles arropan al Cristo de Mena en MálagaLegionarios levantando el Cristo de Mena a una sola mano
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  • El Cristo de la Buena Muerte, portado por los caballeros legionarios, ha sido trasladado a hombros por Málaga a 160 pasos por minuto. Los legionarios han entonado el tradicional “Novio de la Muerte”, confundido popularmente con el himno de la Legión.

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    El Cristo de Mena es una de las procesiones que más fieles acoge en la Semana Santa de España. Los Legionarios han portado el Cristo sobre sus hombros y alzado solo con una de sus manos, desfilando a su protector. En esta edición se han concentrado miles de personas de todo el mundo, con más de 200 medios acreditados.

    El Cristo de la Buena Muerte o Cristo de Mena son las advocaciones de Cristo que surgen de una talla de Cristo crucificado original de Pedro de Mena datada aproximadamente en 1660, y que se conservó en la Iglesia de Santo Domingo de Málaga hasta su destrucción en 1931 durante la quema de iglesias y conventos de Málaga del 11 y 12 de mayo de ese mismo año.

    Con el Cristo de la Buena Muerte y Ánimas fueron quince las tallas de Pedro de Mena destruidas durante la persecución religiosa de la II República en Málaga.

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    Pertenece a la Congregación de Mena procesionado el Jueves Santo en la Semana Santa de Málaga y está vinculado a la Legión Española desde 1921.

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    Los fieles han gritado “vivas” a esta imagen, simbólica en toda España, en el momento del desembarco, ya que el Cristo es trasladado desde Ceuta y custodiada después por los legionarios. Esta Congregación de Mena tiene ya más de 100 años.

    Uno de los momentos más solemnes de esta Congregación es el cambio de guardia de la Legión. Este año ha congregado a centenares de personas en la ciudad andaluza.

    La letra cantada por los Legionarios mientras portan al Cristo de Mena dice así:

    Nadie en el Tercio sabía quién era aquel legionario, tan audaz y temerario, que en la Legión se alistó. Nadie sabía su historia, mas la Legión suponía que un gran dolor le mordía como un lobo el corazón. Más si alguno quién era le preguntaba, con dolor y rudeza le contestaba: soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera, soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tan leal compañera.

    Cuando más rudo era el fuego y la pelea más fiera, defendiendo su Bandera, el legionario avanzó. Y sin temer al empuje del enemigo exaltado, supo morir como un bravo y la enseña rescató.

    Y al regar con su sangre la tierra ardiente, murmuró el legionario con voz doliente: soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera, soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tal leal compañera.

    Cuando al fin le recogieron, entre su pecho encontraron una carta y un retrato de una divina mujer. Y aquella carta decía: “…Si algún día Dios te llama, para mí un puesto reclama que a buscarte pronto iré”.

    Y en el último beso que le enviaba, su postrer despedida le consagraba: por ir a tu lado a verte, mi más leal compañera, me hice novio de la muerte, la estreché con lazo fuerte y su amor fue mi Bandera.

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