El pecado nacional

El pecado nacional

Rafael Jiménez
09 octubre, 2020
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Actualizado: 09 octubre, 2020 23:59
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Como si de un guión de Azcona se tratara, este viernes hemos sido todos protagonistas de una de sus comedias, una más ácida que de costumbre y en la que no hemos visto ni rastro de su dulzura, ni de su humor. Lo que si ha quedado de manifiesto es el esperpento en el que vivimos instalados. Ver al Rey esta mañana pisar Cataluña en segunda tentativa, en un movimiento institucional con el que apenas se ha podido esconder la vergüenza de un Estado cuyo Jefe tiene que pedir no se sabe si perdón o permiso para cumplir con sus funciones en el territorio donde es la más alta institución.

Y lo peor de todo, lo que nos coloca en la filmografía más satírica, más burlesca, del binomio Berlanga-Azcona, andaba por Madrid. No sé si Sazatornil se ha aparecido por Génova o López Vázquez en Moncloa, pero lo que se ha vivido este viernes entre los tres partidos políticos que representan a 15 millones de votantes, los dos del gobierno y el primero de la oposición, ha sido la confirmación de que España sigue muy lejos de ser un país serio y moderno. Después de escuchar al Rey decirle a los empresarios que lo que necesita España es unidad y que eso es básico para que volvamos a ser referencia internacional, hemos asistido a un bochornoso ejemplo de lo que no se debe hacer. En lugar de unidad, enfrentamiento. Una lucha institucional en la que vuelve a salir lo peor del cainismo secular que desangra este país. Dos enajenados que se gritan sin escuchar, de nuevo el duelo a garrotazos que terminó con nuestros más brillantes en el exilio.

No sé si me da más vergüenza o más pena. Lo que sé es que así no se arregla este país y también sé que me gustaría que tuviera razón Otto von Bismarck en esa frase que nunca dijo, me gustaría creer que somos la nación más fuerte del mundo pero yo, hoy, visto lo visto, solo creo que nosotros mismos somos nuestros peores verdugos.

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