Según el informe, 645 millones de personas padecieron hambre en 2025, lo que representa el 7,8% de la población mundial. Aunque la cifra supone una reducción de 14 millones de personas respecto a 2024 y de 43 millones respecto a 2022, todavía se sitúa por encima de los niveles previos a la pandemia y supera en unos 50 millones el número de personas que pasaban hambre hace diez años.
Para Acción contra el Hambre, el informe confirma una realidad cada vez más evidente sobre el terreno: el principal desafío ya no es únicamente producir suficientes alimentos, sino garantizar que las personas puedan acceder a ellos y, especialmente, a alimentos nutritivos.
«Los avances son positivos, pero no podemos caer en la complacencia. Seguimos hablando de 645 millones de personas que pasan hambre y de más de 2.690 millones que no tienen acceso regular a una alimentación adecuada. El hambre no es consecuencia de la falta de alimentos en el mundo, sino de la falta de acceso a ellos». Conflictos, pobreza, desigualdad y cambio climático continúan expulsando a millones de personas de una vida digna», señala Manuel Sánchez-Montero, director general de Acción contra el Hambre España.
África, epicentro mundial del hambre
El informe refleja un cambio significativo en la geografía global del hambre. Por primera vez, África concentra el mayor número de personas que pasan hambre en el mundo: 309 millones de personas, frente a los 292 millones de Asia. En el continente africano, una de cada cinco personas vive en situación de hambre. Esta tendencia es el resultado de la combinación de conflictos prolongados, fenómenos climáticos extremos, desplazamientos forzados, inflación alimentaria y una creciente fragilidad económica.
Al mismo tiempo, el informe muestra que Asia y América Latina han logrado avances relevantes en los últimos años, demostrando que el hambre puede reducirse cuando existe crecimiento económico inclusivo, inversión social y sistemas de protección adecuados.
Para Acción contra el Hambre, esta es una de las conclusiones más importantes del informe: el hambre no es solo una consecuencia de la pobreza, sino también una de sus principales causas. Las sociedades que logran reducir el hambre generan más oportunidades económicas, fortalecen su capital humano, mejoran la estabilidad institucional y reducen riesgos de conflictividad y exclusión. En un contexto internacional marcado por crisis sucesivas y crecientes tensiones geopolíticas, combatir el hambre es también una inversión en seguridad, prosperidad y cohesión social. Allí donde aumenta el hambre, aumentan igualmente la vulnerabilidad, la pobreza y el riesgo de inestabilidad; allí donde disminuye, se crean las condiciones necesarias para un desarrollo más sostenible e inclusivo.
La gran alerta del SOFI 2026: el coste de una dieta saludable
«La gran lección que deja este informe es que hoy no basta con hablar de hambre. Millones de personas logran comer algo cada día, pero no pueden acceder a los alimentos que necesitan para crecer, desarrollarse y mantenerse sanas. El verdadero reto es hacer que una dieta saludable sea accesible para todos», señala Sánchez-Montero.
Más allá de las cifras de hambre, el principal foco de esta edición del informe es el acceso a una alimentación saludable. Según Naciones Unidas, 2.690 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable, lo que equivale al 32,7% de la población mundial. El coste medio de una alimentación saludable ha aumentado hasta los 4,28 dólares por persona y día, un 46% más que en 2017.
El informe pone el foco en una realidad que afecta tanto a países de renta baja como a familias vulnerables en países desarrollados: los alimentos más nutritivos siguen siendo los más caros. Frutas, verduras y alimentos de origen animal representan cerca del 70% del coste total de una dieta saludable.
Aunque el SOFI sitúa a Europa entre las regiones con menores niveles de hambre del mundo, el acceso a una alimentación saludable sigue siendo un desafío para muchas familias en España. En 2025 el 11,6% de los hogares españoles experimenta algún grado de inseguridad alimentaria. El aumento del coste de la vida y de los alimentos está empujando a muchas familias a sustituir productos frescos y nutritivos por opciones más económicas y de menor calidad nutricional, evidenciando que el reto alimentario en España ya no es solo cuánto se come, sino también qué se puede comer y a qué precio.
Hambre, desnutrición y obesidad: una misma crisis
El SOFI 2026 alerta además de que el mundo continúa avanzando demasiado lentamente en los indicadores nutricionales. Solo el 30,8% de los niños de entre 6 y 23 meses consume una dieta mínimamente diversa, mientras que la anemia entre las mujeres continúa aumentando. Paralelamente, la obesidad sigue creciendo y ya afecta al 16,2% de la población adulta mundial.
Esta situación tiene además un reflejo directo en la salud. En España, el 40,6% de los niños, niñas y adolescentes de entre 6 y 9 años tiene exceso de peso, dentro de los cuales un 17,3% presenta obesidad. La incidencia es especialmente elevada en los hogares con menos ingresos, donde la obesidad infantil alcanza más del doble que en los hogares con mayores rentas. Para Acción contra el Hambre, estos datos ponen de manifiesto que la mala alimentación y la obesidad no son solo una cuestión de hábitos individuales, sino también el resultado de desigualdades económicas y de las dificultades que encuentran muchas familias para acceder de forma regular a alimentos frescos, nutritivos y saludables.
«La coexistencia de hambre, desnutrición y obesidad demuestra que nuestros sistemas alimentarios no están garantizando dietas saludables para toda la población. Combatir el hambre significa hoy actuar sobre la nutrición, la agricultura, el empleo, la resiliencia climática y el acceso económico a los alimentos. Las soluciones existen; el desafío es que cuenten con la financiación y la voluntad política necesarias para llegar a escala», concluye Sánchez-Montero.
Una llamada a no reducir esfuerzos
Acción contra el Hambre recuerda que los progresos recogidos en el informe siguen siendo frágiles y alerta de que los recortes en ayuda humanitaria y cooperación internacional llegan en un momento especialmente delicado. Sólo en 2025 la ayuda humanitaria cayó un 36%, lo que constituye la mayor contracción anual registrada en la historia de la cooperación internacional. Conflictos como los de Sudán, Gaza o Yemen, junto con los efectos crecientes de la crisis climática, amenazan con revertir parte de los avances logrados durante los últimos años.
La organización insiste en que acabar con el hambre requiere una combinación de respuesta humanitaria, inversión en nutrición, fortalecimiento de los sistemas alimentarios locales, apoyo a los medios de vida y políticas que permitan a las familias acceder a alimentos saludables y nutritivos de forma sostenible.
