Para Rut Ballesteros, autora de Sostenibilidad sin maquillaje. Hoja de RUTa para hacer del propósito de empresas y profesionales una forma de gestión, esta fecha confirma la necesidad de abandonar una sostenibilidad basada en declaraciones o campañas y avanzar hacia una gestión ambiental concreta, medible y vinculada a las decisiones empresariales.
«El Día de la Sobrecapacidad demuestra que nuestro modelo económico continúa consumiendo recursos que no puede reponer. Las empresas deben dejar de entender la sostenibilidad como una cuestión de imagen y comenzar a gestionarla como lo que es: un factor de competitividad, continuidad y control de riesgos«, afirma Rut Ballesteros.
De parecer sostenible a gestionar la sostenibilidad
La idea central de Sostenibilidad sin maquillaje es clara: una organización no se convierte en sostenible por anunciar compromisos o impulsar acciones aisladas. La sostenibilidad comienza cuando se integra en la gestión, las compras, la producción y la toma de decisiones.
«El maquillaje aparece cuando la comunicación avanza más rápido que la gestión. Una empresa puede hablar de sostenibilidad y desconocer sus principales impactos, no disponer de objetivos medibles o no haber asignado responsabilidades», explica Ballesteros.
La autora propone cinco decisiones para transformar el propósito ambiental en resultados reales.
- Identificar los impactos realmente significativos. El primer paso consiste en conocer qué efectos genera la actividad y cuáles son prioritarios. Dependiendo del sector, pueden estar relacionados con la energía, el agua, las emisiones, los residuos, el transporte, las materias primas o la cadena de suministro. «No todas las empresas tienen los mismos impactos ni necesitan las mismas soluciones. La sostenibilidad exige diagnóstico, priorización y capacidad para actuar donde pueden obtenerse resultados reales», señala.
- Establecer objetivos medibles y responsables concretos. Un compromiso ambiental solo puede gestionarse cuando se traduce en indicadores, plazos, presupuesto y responsables. «Un objetivo sin indicador, sin recursos y sin un responsable continúa siendo una declaración de intenciones. La sostenibilidad empieza a transformar una empresa cuando puede medirse, revisarse y corregirse», sostiene la autora.
- Incorporar criterios ambientales en compras y proveedores. Una parte importante de la huella ambiental puede encontrarse fuera de las instalaciones. Las decisiones de compra deben valorar el origen de los materiales, la durabilidad, la reparabilidad, el embalaje, el transporte y el desempeño ambiental de los proveedores. Esta revisión reduce impactos y favorece cadenas de suministro más resistentes.
- Vincular la sostenibilidad a costes y riesgos. La escasez de materias primas, la volatilidad de los precios energéticos, los cambios regulatorios y la dependencia de determinados proveedores pueden afectar a la continuidad del negocio. Por ello, Sostenibilidad sin maquillaje plantea analizar estos factores con el mismo rigor que los costes, las inversiones, la calidad o los riesgos financieros. «La deuda ecológica termina apareciendo en la cuenta de resultados mediante mayores costes, problemas de abastecimiento, pérdida de competitividad o dificultades para responder a las nuevas exigencias del mercado», advierte Ballesteros.
Revisar procesos, instalaciones y productos permite detectar consumos innecesarios, reducir costes y mejorar la eficiencia. Para Ballesteros, la reducción debe producirse antes de recurrir a la compensación, que puede completar una estrategia ambiental, pero no justificar procesos ineficientes.
El Día de la Sobrecapacidad ofrece a las empresas la oportunidad de revisar si sus compromisos ambientales se corresponden con su forma cotidiana de operar.
«Una empresa no es sostenible porque lo diga, sino porque conoce sus impactos, reduce sus consumos, involucra a sus proveedores, establece responsabilidades y toma mejores decisiones. La sostenibilidad no necesita más maquillaje: necesita método, rigor y resultados», concluye.
