El 60,2% de población cree que la IA representa una oportunidad para el empleo de las personas con discapacidad

Noticias 15/07/2026

En esta edición hemos querido responder a una pregunta muy presente en el debate social y empresarial: ¿cómo va a afectar la inteligencia artificial (IA) al empleo de las personas con discapacidad? En los últimos años, el debate público ha oscilado entre dos extremos. Por un lado, quienes anticipan una ola masiva de destrucción de puestos de trabajo causada por la automatización. Por otro, quienes consideran que la IA simplemente actuará como una herramienta que mejorará la productividad, sin alterar de forma significativa el empleo. La realidad, como suele ocurrir con las transformaciones tecnológicas, probablemente se sitúe en un punto intermedio.

En todo caso, se trata de una cuestión que adquiere una dimensión especialmente sensible cuando nos centramos en personas con discapacidad. La automatización de tareas, la rápida transformación de los perfiles profesionales y la creciente digitalización del mercado laboral han alimentado el temor a que quienes ya afrontaban mayores barreras de acceso al empleo puedan ver reducidas aún más sus oportunidades laborales.

Antes de avanzar en el análisis, conviene conocer la visión de las propias personas con discapacidad sobre la IA y su impacto en el empleo.

La IA se percibe más como oportunidad que como amenaza

Los resultados del informe reflejan una percepción mayoritariamente positiva. En concreto, el 60,2% de las personas con discapacidad considera la IA una oportunidad para mejorar su empleabilidad, que puede facilitar tareas como la elaboración del currículum, la preparación de candidaturas o el entrenamiento para entrevistas de trabajo.

Por el contrario, un 30,3% percibe la IA como una amenaza, al considerar que podría sustituir algunos de los puestos de trabajo que tradicionalmente desempeñan las personas con discapacidad mediante procesos de automatización. Además, expresan preocupación por los posibles sesgos presentes en los sistemas de selección basados en inteligencia artificial, que podrían generar nuevas barreras de acceso al empleo.

Por último, un 9,5% mantiene una visión ambivalente, reconociendo que la inteligencia artificial puede representar tanto una oportunidad como un riesgo para la inclusión laboral de las personas con discapacidad, en función de cómo se diseñe, implemente y utilice.

Esta diversidad de percepciones refleja la incertidumbre que todavía existe en torno al impacto de la IA en el mercado laboral. Sin embargo, más allá de los temores que expresa cerca de un tercio de las personas encuestadas, las evidencias disponibles hasta el momento no muestran que la automatización asociada a la IA esté generando un impacto diferencialmente negativo en el empleo de las personas con discapacidad, como veremos en el siguiente epígrafe. En todo caso, sí resulta imprescindible vigilar el uso de la IA en los procesos de selección, para evitar que posibles sesgos algorítmicos descarten o penalicen a personas con discapacidad.

Las personas con discapacidad no se concentran -por ahora- en los empleos más expuestos a la automatización

Cuando se analiza el impacto de la inteligencia artificial en el empleo, suele asumirse que las personas con discapacidad constituyen uno de los segmentos más vulnerables ante una posible pérdida de oportunidades laborales derivada de la automatización. Sin embargo, la evidencia disponible sugiere que el nivel de exposición depende mucho más del tipo de ocupación desempeñada que de la discapacidad en sí misma.

De hecho, según se desprende del informe Labor market impacts of AI: A new measure and early evidence, desarrollado por Anthropic, los mayores impactos de la IA se están observando en actividades intensivas en información y conocimiento, como la programación, el análisis de datos, la generación de contenidos o determinadas tareas administrativas y de atención al cliente.

Por el contrario, muchas ocupaciones que requieren interacción física, movilidad, manipulación de objetos, contacto con las personas o presencia en entornos cambiantes siguen siendo más difíciles de automatizar. Según el citado informe de Anthropic, algunas de las profesiones menos automatizables, hoy por hoy, son las de cocinero/a, mecánico/a, socorrista, auxiliar de cocina o personal de vestuarios.

Los resultados de la presente encuesta arrojan que entre las personas con discapacidad que en estos momentos están buscando empleo a través de la Fundación Adecco predominan sectores como servicios auxiliares (recepción, control de accesos, conserjería, tareas administrativas básicas), logística y transporte (preparación de pedidos, gestión de almacén, envíos o reparto), comercio y ventas (atención al público, reposición, caja o apoyo comercial), limpieza y mantenimiento (instalaciones, mantenimiento básico o servicios generales) u hostelería (cocina, office, servicio de sala o apoyo en alojamientos). Se trata, en términos generales, de ocupaciones que actualmente presentan una exposición menor a la automatización que los empleos más cualificados basados en el procesamiento de información.

Esto no significa que estos puestos de trabajo permanezcan al margen de la transformación tecnológica. La IA también puede modificar tareas, procesos y competencias en estos ámbitos, pero, por el momento, no parece estar generando en ellos un efecto de sustitución tan intenso como en otras ocupaciones. En consecuencia, y por el momento, las personas con discapacidad no parecen concentrarse mayoritariamente en los segmentos del mercado laboral más expuestos a la automatización.

Jóvenes y mujeres con discapacidad: ¿más vulnerables a la automatización?

Aunque no existen evidencias de que la automatización esté teniendo un impacto más negativo en el empleo de las personas con discapacidad que en el conjunto de la población, sí conviene prestar atención a determinados perfiles que podrían afrontar mayores retos de adaptación a medio y largo plazo.

Es, en primer lugar, el caso de los jóvenes con discapacidad que buscan su primer empleo, quienes afrontan una doble barrera: además de los prejuicios a los que aún tienen que enfrentarse, derivados de la discapacidad, no cuentan con experiencia profesional y han tenido menos oportunidades de desarrollar competencias estratégicas como el criterio, la toma de decisiones o el liderazgo.  Hay que tener en cuenta que, en muchas profesiones, los primeros puestos de trabajo consisten en tareas relativamente rutinarias: preparar informes preliminares, recopilar información, realizar análisis básicos o atender consultas sencillas. Estas tareas, que hoy puede desempeñar de forma muy solvente la IA, forman parte del proceso de aprendizaje que permite a los profesionales jóvenes adquirir experiencia y avanzar en su carrera.

El informe de Anthropic encuentra indicios de que la contratación de profesionales entre 22 y 25 años en ocupaciones altamente expuestas a la IA podría estar ralentizándose. De hecho, la probabilidad de que un joven consiga un nuevo empleo en estas profesiones ha caído aproximadamente un 14% en comparación con 2022. Esto no implica necesariamente que el desempleo juvenil esté aumentando, pero sí puede indicar que las oportunidades de entrada en determinadas profesiones podrían estar reduciéndose, una realidad que merece especial atención en el caso de los jóvenes con discapacidad, que ya afrontan mayores barreras para acceder a sus primeras experiencias laborales.

En segundo lugar, también las mujeres con discapacidad podrían verse más expuestas al posible reemplazo por automatización. Por un lado, porque continúan afrontando desigualdades derivadas de la intersección entre género y discapacidad; por otro, porque tienen una presencia significativa en actividades administrativas, de atención al cliente, gestión de información o apoyo comercial, ámbitos donde la inteligencia artificial sí está transformando procesos y tareas con especial intensidad.

En todo caso, el desafío no debe abordarse desde el alarmismo, sino desde la anticipación. La clave está en reforzar la formación digital, facilitar itinerarios de recualificación, garantizar herramientas accesibles, acompañar a las empresas en la adaptación y asegurar que los sistemas automatizados de selección no reproduzcan sesgos por edad, género o discapacidad.

Además, conviene evitar una visión exclusivamente centrada en la vulnerabilidad. La transformación tecnológica también está poniendo en valor competencias que muchas personas con discapacidad han desarrollado a lo largo de su trayectoria vital y profesional, como la capacidad de adaptación, la resiliencia, la resolución creativa de problemas o una especial sensibilidad hacia la accesibilidad y el diseño inclusivo. Estos atributos podrían marcar la diferencia y convertirse en un valor añadido en su interacción con los sistemas inteligentes.

Como señala Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco: “Una mayor exposición a la automatización no debe interpretarse automáticamente como desaparición del empleo, sino como una transformación de tareas, procesos y competencias. La clave es que nadie se quede atrás en esa transición, especialmente las personas con discapacidad, que ya afrontan mayores barreras de acceso al mercado laboral. Para ello, debemos preparar a todas las personas y organizaciones para aprovechar el potencial de la IA desde criterios de accesibilidad e inclusión. Hoy más que nunca, es necesario reforzar las competencias digitales, pero también aquellas habilidades humanas que complementan a la IA como el criterio, la toma de decisiones o la adaptación”.

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