Los fabricantes de drones hicieron caja con el regalo estrella de Navidad

Los fabricantes de drones hicieron caja con el regalo estrella de Navidad

12 febrero, 2017
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Actualizado: 12 febrero, 2017 17:42
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Todas las Navidades hay un regalo estrella: un año es una determinada muñeca, otro un muñeco de acción (con permiso del Turboman de Schwarzenegger) y otros años, como es el caso de este, un gadget nuevo. Este año ha sido el de los drones. Era un mercado que ya venía pisando fuerte y que ha tenido su colofón estas Navidades pasadas. Se han comprado drones para niños y adultos, de todos los tamaños, precios y colores.
La fiebre por los pequeños aparatos voladores se ha disparado estas Navidades, en el que el precio no ha sido demasiado impedimento para hacerse con uno, ya que hay mucha variedad de productos, pues los podemos encontrar desde 20 euros hasta de más de 3.000 euros, aunque estos ya son de un uso muy profesional, como pudiera ser el cine. La variedad es amplia, desde los 20 hasta los 3.000 dólares. En EE.UU se ha estimado que las ventas en Navidad han podido llegar hasta el millón de unidades. En España la tendencia no es muy diferente y ñas ventas han subido un 40% respecto al día anterior (según Daniel Bayón, CEO de Juguetrónica, una de las grandes distribuidoras de este tipo de productos). Bayón explica que esta demanda creciente se debe sobre todo a la simplificación de los modelos y las nuevas prestaciones que ofrecen. «Cada vez son más sencillos de volar y permiten hacer más cosas con ellos como ver las grabaciones de vídeo en tiempo real en el smartphone, rodar por el techo o incluso echar batallas en el aire», explica.
Pero no todo son buenas noticias, y en EEUU la Administración Federal de la Aviación se ha puesto a controlar severamente que todos los propietarios de uno de estos aparatos cumplan el reglamento específico de aviación aplicado a estos particulares productos. Baste precisar que, desde ahora, pagando unas decenas de dólares, cualquier aficionado podrá elevar su dron hasta los 10.000 pies (más de 3.000 metros), una altura respetable en la que competirá con cualquiera de los aparatos de aviación que surcan los cielos de Estados Unidos. Puede parecer una cantidad escandalosa, pero un control tan restrictivo permite tener mucho mejor asegurado el espacio aéreo.
En España esto no es muy diferente, y para usar la mayoría de drones que superen cierto tamaño y peso, deben estar registrados y el propietario debe tener un título específico para pilotarlo. La normativa española, creada a mediados de 2014 por el Ministerio de Fomento a través de la Agencia Española de Seguridad Aérea (AESA), es todavía provisional. La Comisión Europea prepara adecuar la normativa aérea comunitaria teniendo en cuenta los distintos tipos de drones, incluidos los más pequeños. Estas leyes, aunque primarias, ya cubren muchos aspectos clave como la prohibición de usarlos en zonas urbanas o sobre aglomeraciones (parques, playas, conciertos, bodas, manifestaciones, procesiones) y tampoco de noche, aunque muchos llevan luces. Otros requisitos son tenerlos siempre a la vista y no elevarlos por encima de los 120 metros.
Lo que para algunos es un simple juguete, para otros es un peligro potencial que debe estar en las manos adecuadas.

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