España suma casi 2 millones de personas en situación de «pobreza oculta», gente que no es clasificada como tal según su renta disponible convencional, pero que sí lo es después de pagar el coste de acceso a una vivienda, según un informe de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea).
Esta «pobreza oculta» se concentra especialmente en el alquiler de mercado y uno de cada cuatro inquilinos -inicialmente no pobres- cruza el umbral tras pagar el alquiler, explica la entidad en un comunicado.
Este impacto se concentra de forma «extraordinaria» entre los inquilinos. De esta forma, en 2025 la pobreza convencional afectaba al 32,8 % de las personas que vivían de alquiler, pero ascendía al 49,9 % después de descontar el pago de la renta.
Esto significa que una parte sustancial de los inquilinos que no aparece como pobre atendiendo únicamente a sus ingresos cae por debajo del umbral una vez que afronta el coste de la vivienda.
La vivienda no solo hace que más personas crucen el umbral de la pobreza, sino que agrava la situación económica de muchas de quienes ya se encontraban por debajo de él
En el estudio, elaborado por José Ignacio Conde-Ruiz (Fedea y Universidad Complutense de Madrid) y Álvaro Pinto (Fedea y Universidad de Alcalá), se recalca que la vivienda no solo hace que más personas crucen el umbral, sino que agrava la situación económica de muchas de quienes ya se encontraban por debajo de él.
El alquiler de mercado ha pasado de representar el 12,1 % al 17,4 % de la población y se ha convertido en el régimen de tenencia con mayores costes de acceso y menor capacidad de amortiguar las subidas del mercado.
En 2025, la tasa de pobreza convencional se situó en el 19,5 % de la población, pero aumentó hasta el 23,5 % cuando se descontó de la renta el coste de acceso a la vivienda.
El efecto fue aún mayor sobre la profundidad y la severidad de la pobreza.
En 2025, la pobreza convencional identificó al 46,7 % de las personas que sufren carencia material y social severa, frente al 56,9 % cuando se descuenta el coste de acceso a la vivienda y al 66,1 % cuando se considera el gasto residencial total.
La vulnerabilidad asociada a la vivienda presenta además un perfil social y territorial muy marcado.
Afecta más a inquilinos, jóvenes o extranjeros
Se concentra especialmente entre quienes viven de alquiler, los hogares con una persona de referencia joven o nacida en el extranjero y las zonas con mercados residenciales más tensionados.
El propio análisis muestra que una buena parte de estas diferencias está relacionada con la posición que ocupan los distintos hogares dentro de la estructura de tenencia y con su proximidad inicial al umbral de pobreza.
En conjunto, los resultados muestran que incorporar la vivienda no cambia la conclusión de que la pobreza ha disminuido durante la última década, pero sí modifica sustancialmente su diagnóstico, su intensidad y, sobre todo, quién aparece como pobre.
La renta disponible sigue siendo una referencia fundamental para medir el bienestar, pero Fedea cree que resulta insuficiente para distinguir plenamente entre hogares que, pese a disponer de ingresos similares, conservan capacidades económicas muy distintas después de pagar el alojamiento.
