La factura de la energía de las familias españolas afronta un otoño y un invierno con una subida en los costes. Y esto no solo se debe al aumento del consumo del gas debido a la llegada del frío sino a una mezcla de factores que harán que calentar las casas de los españoles sea mucho más costoso este invierno.
En primer lugar, a partir del próximo 1 de octubre, coincidiendo con el inicio del nuevo año del gas y la entrada de la temporada de mayor consumo por calefacción, la revisión de la Tarifa de Último Recurso (TUR) implicará un encarecimiento medio del recibo del 54 %, según las proyecciones elaboradas por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). El repunte trasladará de forma directa la tensión registrada en los mercados de futuros internacionales al coste final del suministro doméstico.
El mecanismo de cálculo de la tarifa regulada cuenta con una ponderación fija asignada al denominado «gas estacional», un componente que supone cerca del 47 % del coste total de aprovisionamiento en este último tramo del año. La cotización de la materia prima en los mercados de referencia europeos, donde el precio ha consolidado niveles cercanos a los 42 euros por megavatio hora (MWh), frente a las medias históricas de 30 euros, ha llevado al término variable del gas a duplicar prácticamente su coste en el mercado primario.
Un impacto medio de 310 euros anuales por vivienda
En el gasto energético orientado a viviendas con calefacción e intensidades de uso comprendidas entre los 5.000 y los 15.000 kWh al año, la estimación sitúa la variable de consumo en torno a los 6,95 céntimos por kWh, frente a los 4,12 céntimos fijados en el periodo anterior. Este ajuste implica un aumento del 69 % únicamente en la parte de la energía consumida.
Al amortiguarse con los peajes, los cargos fijos regulados y el alquiler de los equipos de medida, el impacto final se sitúa en un 54 % de incremento sobre la factura global. En términos absolutos, una vivienda con un consumo estándar de 9.000 kWh anuales pasará de abonar unos 600 euros a sobrepasar los 910 euros al año, lo que equivale a un sobrecoste de 310 euros anuales distribuido principalmente entre los meses de otoño e invierno.
El impacto actual adquiere una dimensión mayor debido al volumen de clientes acogidos al sistema regulado. Tras la crisis de precios desatada en semestres anteriores, millones de consumidores traspasaron sus contratos desde el mercado libre hacia la TUR en busca de contención tarifaria. En la actualidad, más de tres millones de hogares se encuentran expuestos a las oscilaciones de esta tarifa pública.
La incertidumbre sobre la prórroga de las ayudas gubernamentales
Al repunte derivado del mercado energético se le suma la incertidumbre regulatoria. Las medidas extraordinarias impulsadas por el Gobierno para mitigar el impacto de la crisis inflacionaria en el sector energético, entre las que destacan reducciones en los impuestos indirectos y bonificaciones específicas a los costes fijos, concluyen teóricamente al finalizar el año.
Desde el Ejecutivo se ha advertido de la posible retirada de estos esquemas de apoyo fiscal a partir del 31 de diciembre si el contexto de contención presupuestaria lo requiere. De no prorrogarse las rebajas tributarias o las compensaciones reguladas, el recibo sumará una carga fiscal adicional que acentuará la presión económica sobre los hogares a partir del primer trimestre del año.
Pese a este escenario de incrementos, la OCU recomienda mantener la cautela antes de tomar decisiones sobre el cambio de proveedor. Los análisis sectoriales confirman que, aun con las revisiones al alza previstas para octubre, la tarifa regulada TUR se mantiene como la opción más competitiva en términos de coste global en comparación con las ofertas de precio fijo o variable disponibles actualmente en el mercado libre.
