El año 2024 arrancó con un escenario prometedor para la renta fija. Tras varios ejercicios marcados por políticas monetarias restrictivas, los bancos centrales comenzaron a girar el timón hacia bajadas de tipos, lo que generó un entorno favorable para los activos de deuda ya emitidos. En este contexto, los fondos de inversión no dejaron pasar la oportunidad y aumentaron su exposición a la renta fija hasta representar el 57,9 % de su patrimonio, el nivel más alto de los últimos once años, según los últimos datos de la CNMV.
Este peso no se veía desde 2014, un año clave para la política monetaria europea. Entonces, el Banco Central Europeo (BCE) llevó los tipos de interés cerca del 0 % e introdujo tipos negativos en la facilidad de depósito, anticipando la llegada del programa de compras de activos (QE) que comenzaría en 2015. La medida buscaba estimular una economía debilitada tras la crisis de deuda soberana y con una inflación por debajo del objetivo del 2 %.
En la actualidad, los fondos españoles suman más de 235.000 millones de euros en inversiones en renta fija, de los cuales solo 61.000 millones corresponden a deuda nacional. Aunque esta cifra ha ido en aumento, sigue lejos de los máximos históricos registrados en 2014, cuando la inversión en deuda española superó los 84.000 millones. Desde 2017, los fondos prefieren claramente la deuda extranjera, que ha ganado terreno año tras año en las carteras de los gestores.
Los fondos de renta fija a corto plazo cerraron el año con una rentabilidad media del 3,46%
A pesar de las buenas perspectivas iniciales, 2024 no fue un año exento de sobresaltos para la renta fija. Los mercados tuvieron que ajustar varias veces sus expectativas sobre la velocidad con la que los bancos centrales bajarían los tipos, lo que generó episodios de volatilidad, especialmente hacia el final del ejercicio.
Los resultados fueron dispares según el tipo de activo. Las carteras de bonos globales registraron una caída del 1,7 % y la deuda pública retrocedió un 3,6 %, según los índices de Bloomberg y Barclays. En cambio, los segmentos con mayor riesgo ofrecieron rentabilidades positivas: la deuda corporativa con grado de inversión subió un 2,13 % y el high yield se revalorizó más de un 9 %.
En términos generales, los gestores lograron sortear la volatilidad con buenos resultados. Los fondos de renta fija a corto plazo cerraron el año con una rentabilidad media del 3,46 %, muy cercana al 3,41 % de los de largo plazo. Por su parte, los fondos de renta fija internacional lideraron con un 4,52 % de rentabilidad media, confirmando el atractivo de la deuda extranjera para los inversores españoles.


