El cobre se encamina a cerrar el año con el mayor incremento anual de precio en más de diez años, impulsado por una combinación de aranceles estadounidenses, disrupciones en el suministro y el creciente temor a una escasez a escala global. El repunte se ha intensificado en el tramo final del ejercicio, dando lugar a una subida especialmente rápida.
En diciembre, el metal rojo alcanzó un récord histórico por encima de los 12.000 dólares por tonelada y acumula un avance superior al 30% en 2025. Se trata del mayor salto anual desde 2009, cuando los precios se dispararon más de un 140% en plena salida de la crisis financiera global.
Los analistas coinciden en que la demanda de cobre superará a la oferta minera a lo largo de la próxima década, lo que mantendría los precios en niveles elevados también en 2026. El consumo del metal se está viendo impulsado por la transición energética, la electrificación del parque automovilístico y el fuerte crecimiento de los centros de datos ligados al desarrollo de la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, muchas minas maduras presentan una productividad decreciente y la apertura de nuevos yacimientos requiere inversiones muy elevadas y largos plazos de ejecución.
El rally del cobre se ha descrito por los expertos como el resultado de una “tormenta perfecta” de factores
No obstante, un escenario de precios altos sostenidos podría tener efectos secundarios. Natalie Scott-Gray, analista del bróker de materias primas StoneX, advierte de que algunas industrias podrían recurrir a materiales alternativos más baratos o reducir la demanda en segmentos considerados menos prioritarios, como ciertos proyectos de descarbonización.
El rally del cobre ha sido descrito por los expertos como el resultado de una “tormenta perfecta” de factores, entre ellos la relajación de las tensiones entre Estados Unidos y China, las expectativas de un posible acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania y el impacto directo de los aranceles estadounidenses sobre el comercio de metales.
En este contexto, Alastair Munro, estratega de metales básicos del grupo de servicios financieros Marex, señala que muchos participantes del mercado ya hablan abiertamente de un déficit estructural de cobre a partir de 2026, un escenario que reforzaría la presión alcista sobre los precios a medio plazo.
