La Comisión Europea trabaja en una propuesta para obligar a ciertas firmas que inviertan más de 100 millones de euros en industrias en la Unión Europea a hacerlo a través de empresas conjuntas («joint ventures») con un 49 % del capital como máximo, según un borrador al que ha tenido acceso EFE.
El documento no se refiere específicamente a China, sino a las inversiones extranjeras directas (IED) en general, pero está pensado para reaccionar a la pujanza del gigante asiático en tecnologías verdes, con gran ventaja sobre la UE en sectores como los paneles solares, las baterías o los coches eléctricos.
El borrador apunta a las firmas de un país que controle más del 40 % del sector implicado y estipula que las empresas que inviertan en Europa estén obligadas a transferir conocimiento y a respetar un mínimo de, al menos, un 50 % de mano de obra local.
Reclama además que una parte significativa del valor añadido, así como la inversión en innovación y desarrollo, se quede en Europa y que, al menos, el 50 % del producto final deberá haber sido fabricado en la UE.
«La propuesta legislativa tiene como objetivo reforzar la resiliencia económica a largo plazo, la prosperidad y la autonomía estratégica de la UE apoyando la producción industrial y acelerando la descarbonización», resume el Ejecutivo.
La Comisión Europea quiere impulsar la demanda de productos industriales europeos bajos en carbono
Bruselas quiere «aprovechar el acceso y la escala del mercado único para impulsar la demanda de productos industriales europeos bajos en carbono y tecnologías de cero emisiones netas», y «maximizar la calidad y los beneficios para el mercado único de la inversión extranjera en la UE en los sectores más estratégicos».
La Comisión también aspira a «desplegar proyectos de fabricación a escala acelerando y simplificando los permisos para proyectos industriales, así como facilitando el desarrollo de (…) zonas de aceleración industrial».
Se pretende así que los bienes industriales verdes no se ensamblen en la UE para obtener una pegatina «Made in Europe», sino fomentar una recolocalización real en el mercado único.
Sí aboga, en cambio, por introducir una etiqueta de «intensidad de carbono» en los sectores energéticamente intensivos, como el acero, el cemento o el aluminio, de forma que destaquen los productos bajos en CO2 y mejorar así su valoración comercial con beneficios de cara a obtener ayudas estatales y a participar en licitaciones públicas.
Todo ello debería servir para alcanzar el objetivo de Bruselas de que la industria represente, al menos, el 20 % del PIB de la UE, frente al 14,3 % actual, un nivel que se ha ido reduciendo progresivamente desde el 20,8 % del año 2000.
El castillo de la competitividad
El documento, de 72 páginas más anexos, será una de las ideas que se discutirán este jueves los líderes de la UE y de los Estados miembros, que se citarán en el castillo belga de Limont, cerca de Lieja, para intercambiar opiniones sobre competitividad económica.
El Ejecutivo comunitario tiene previsto presentar públicamente la propuesta de Ley de Aceleración Industrial el próximo 25 de febrero, pero en la reflexión sobre cómo ganar espacio económico participan todos los poderes de la UE.
Este mismo lunes, la presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), Nadia Calviño, advertía en una carta dirigida al presidente del Consejo Europeo, António Costa, de que los proveedores chinos de inversores solares controlan más del 90 % del mercado mundial, lo que plantea riesgos de ciberseguridad y dependencia estratégica».
Calviño defiende «una acción urgente y coordinada para diversificar proveedores, reforzar la capacidad industrial europea y mantener los compromisos internacionales, en particular en África»; mientras, el BEI prepara «un programa específico de apoyo financiero a fabricantes europeos de inversores solares».
También se tendrán en cuenta las consideraciones de la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) y exvicepresidenta de la Comisión Europea, Kristalina Gueorguieva, quien a finales de enero participó en un colegio de comisarios y ofreció su visión económica de la UE, haciendo hincapié en la necesidad de reforzar las fortalezas del bloque, en particular en el mercado único, agregaron fuentes comunitarias.
Una vieja idea nueva
El planteamiento de limitar la inversión extranjera para obtener tecnología a cambio de cuota de mercado, gestado en el departamento del vicepresidente de la Comisión Europea responsable de Industria, el francés Stéphane Séjourné, es una idea que ya había defendido la automoción francesa.
El que fuera presidente de Renault y ahora director general del grupo de lujo Kering, Luca de Meo, ya abogaba en 2024 por optar por los consorcios en lugar de entrar en una guerra comercial con China a base de aranceles, cuando ejercía como presidente de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA).
«Si quieres entrar en el mercado europeo, a cambio, tienes que ayudarnos a desarrollar el sector, con materiales y conocimiento (…). Es lo mismo que hacen ellos», dijo en rueda de prensa en diciembre de 2024 De Meo, que defendía usar un modelo que China ya utilizó hace décadas con las inversiones europeas.
