El Palacio Salvo, un octogenario uruguayo que no pasa de moda

El Palacio Salvo, un octogenario uruguayo que no pasa de moda

16 enero, 2016
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Actualizado: 16 enero, 2016 0:00
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Raúl Martínez

Montevideo, 16 ene.- Casi 90 años han pasado desde que abrió sus puertas, pero aún hoy el que fuera el edificio más alto de Sudamérica, sustituto del local en el que se estrenó el mítico tango «La cumparsita», continúa ejerciendo de flamante icono montevideano: es el Palacio Salvo, un octogenario uruguayo que no pasa de moda.

Este singular edificio se encuentra en el corazón turístico de la capital y recibe diariamente a centenares de visitantes de todas partes del mundo que buscan conocer lo que se esconde detrás de sus paredes.

En un recorrido por este recinto, el gestor cultural Eduardo Rabelino dijo a Efe que esta edificación fue diseñada por el arquitecto Mario Palanti y empezó a construirse en 1923 por la familia Salvo, unos inmigrantes italianos que apostaron al progreso del país suramericano desde su llegada en 1860.

Anteriormente, entre 1919 y 1923, Palanti diseñó el Palacio Barolo en la ciudad de Buenos Aires, en las cercanías del Congreso de la Nación y que es considerado el hermano gemelo del Salvo.

Cinco años después, en 1928, se levantó en la capital uruguaya el que en su época fue considerado el edificio más alto de Suramérica, con 110 metros.

Este hecho lo convirtió en el centro de muchas críticas, incluso del famoso arquitecto suizo-francés Le Corbusier (1887-1965), que en sus reiteradas visitas a Montevideo sostuvo la idea de que el edificio debía ser derribado.

«Este lugar en el que estamos, con esas escalinatas palaciegas que fueron hechas para recibir a todos los turistas, fue pensado como un gran hotel de lujo que no existía en aquella época», expresó Rabelino.

Así, este palacio funcionó hasta los años 60 como hotel y actualmente alberga a unas 500 familias, que viven en los apartamentos que hoy día acoge el popular inmueble, a diario visitado por unas 1.000 personas.

Antes de la construcción del edificio funcionaba la confitería La Giralda, famosa por ser el lugar en el que se tocó por primera vez en 1917 «La Cumparsita» que es conocida como «el himno de los tangos» y que el próximo año celebra su centenario.

«Se pueden contar hasta historias de fantasmas como todos los edificios que se precien como iconos de una ciudad. Así que recorriendo todo esto podemos ver la exquisitez de esos mármoles de Carrara que están en todos los pisos desde el subsuelo hasta la torre o los pisos de granito con toda su decoración», matizó.

Una de sus más célebres habitantes fue la poeta uruguaya Idea Vilariño (1920-2009), quien formó parte de la «generación del 45», junto a Mario Benedetti (1920-2009) y otros escritores locales.

Este célebre autor incluso lo inmortalizó en su novela «La tregua», en la que llega a decir de él: «Es feo, pero tan feo, que lo pone a uno de buen humor».

En sus 32 pisos, el palacio alberga, además de familias, un estudio de televisión, una estación de radio y una sala de grabaciones reconocida por ser el lugar en el que uno de los máximos exponentes de la música uruguaya, Alfredo Zitarrosa (1936-1989), grabó «El Violín de Becho».

Es así como han transcurrido 88 años desde que este emblemático edificio ha visto pasar los dimes y diretes de la capital uruguaya, en tiempos de democracia y de dictadura, frente a los cuales se ha mantenido casi como el primer día.

Y es que los años no han pasado en vano por esta obra arquitectónica, que como cualquier casi nonagenario que se precie sufre de los achaques de la edad.

En este sentido, Rabelino remarcó que la comisión administradora del Palacio Salvo «está en plenas negociaciones» con el Gobierno uruguayo para que «entre todos» se pueda realizar la recuperación de este edificio y «darle el esplendor que alguna vez tuvo». EFE

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