SpainNAB alerta sobre los retos para preservar la integridad de la inversión de impacto

En los últimos años, la inversión de impacto ha mostrado un avance sostenido, en parte por haber quedado al margen de la polarización que sí ha afectado a la sostenibilidad tradicional. Así lo señala Mercedes Valcárcel, directora general de SpainNAB, quien destaca que este crecimiento convive con desafíos significativos, entre ellos la necesidad de preservar la esencia del concepto y de desarrollar instrumentos capaces de canalizar un mayor volumen de capital privado hacia proyectos con impacto social y ambiental medible.

Valcárcel define la inversión de impacto como una estrategia que combina rentabilidad financiera con un propósito explícito de generar un cambio social o ambiental. La diferencia respecto a otros enfoques sostenibles radica en tres pilares: la intencionalidad, la medición y la adicionalidad. “En este ámbito, el impacto es un objetivo directo y debe poder demostrarse”, enfatiza. Esta exigencia motivó a SpainNAB a impulsar un Código de Buenas Prácticas, al que ya se han adherido más de veinte vehículos, con el propósito de elevar los estándares y evitar que la etiqueta de impacto se utilice sin cumplir los criterios que le dan sentido.

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