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Rafael Jiménez

La luz que se cuela por una rendija termina iluminando la habitación

Rafael Jiménez

Si a principios de mes observábamos cómo Madrid daba un ejemplo de altura de miras política al sellar más de 350 medidas para la reconstrucción económica, suscritas por absolutamente todos los grupos políticos con representación en el consistorio, ahora podemos empezar a comprobar cómo esa actitud política tiene efectos más allá de una firma y de una foto. Me refiero a la puesta en marcha ya, definitiva, de Madrid Nuevo Norte, una buena metáfora para mostrar que la unión de voluntades políticas trae progreso, empleo, riqueza…

Hartos como estamos de ver cómo cualquier cita en la sede de nuestra soberanía se convierte, más allá del asunto que se esté tratando, en la manifestación de nuestro ancestral cainismo. Por eso no podemos hacer otra cosa más que felicitarnos por el hecho de que un ayuntamiento señero, como es el de la capital, esté dando un ejemplo de responsabilidad política en un momento como este, tan necesario.  Y no se puede decir que el acuerdo fuera fácil a priori. No se trataba de unir a dos fuerzas colindantes. El acuerdo contiene la rúbrica del PP, de Ciudadanos y de Vox, pero también del PSOE y de Más Madrid. Sin problemas de polarización, sin acusaciones de extremismos, sin afán populista alguno.

A veces es necesario que algo te golpee para reaccionar y el covid es un buen ejemplo de ello. Lo malo es cuando ni siquiera una pandemia hace sacar a nuestros próceres sus ganas de trabajar por la ciudadanía y la sociedad. Uno no entiende que ni siquiera los dos partidos que representan la centralidad política de nuestro país sean capaces de ejercer la responsabilidad que se ganaron en las urnas, que no sean capaces de dejar de mirar de reojo a esos hijuelos populistas que les salen en los extremos. Cuando ves, por ejemplo, la sesión de control al gobierno posterior al pacto de reconstrucción europeo, se te cae el alma a los pies con los reproches cruzados, de patio de colegio, la ausencia de estadistas, la proliferación de políticos de medio pelo que no aspiran más que a mantener sus puestos, que sufren de miopía política, un defecto visual caracterizado por impedir a quienes lo padecen ver más allá de su próxima cita electoral.

Aunque a veces, afortunadamente, la luz de la esperanza está ahí, sólo hace falta fijarse en pequeños detalles para verla. Una luz que para mí ilumina la aspiración de emular a esa Alemania de gobierno de unidad socialdemócrata/conservador y que, más allá de la quimera que a todos nos podría parecer en un primer momento, nos ilumina, en la firma de los Acuerdos de la Villa, con la presencia, más simbólica que nunca, de un padre de la Constitución junto a los tres exalcaldes de la capital elegidos en las urnas aún con vida, de signos políticos radicalmente opuestos, pero juntos, respaldando el consenso. Una luz.