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Gobierno en cuarentena

Elena Fraile

Era lo único que nos faltaba ahora en España. Improvisación, pactos a escondidas y reuniones en secreto por un puñado de votos o abstenciones.

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La puntilla ha llegado esta semana. En las últimas horas me pregunto: ¿se debería poner al Gobierno en cuarentena?

El acuerdo de PSOE, Unidas Podemos y Bildu para derogar la reforma laboral  ha desatado todas las alarmas y generado un malestar y un revuelo que lo abarca todo. Enfado en el Partido Socialista, entre los ministros que desconocían su contenido, en Moncloa -que ignoraba los detalles-, en la patronal -que se levantó de la Mesa de Diálogo-, en los sindicatos, en el País Vasco -por dar protagonismo a Bildu a dos meses de las elecciones vascas, con el PNV apoyando la quinta prórroga del estado de alarma-… Y Sorpresa para Ciudadanos, formación que no tenía ni idea de la reunión previa. La sorpresa ha sido amplia en toda su dimensión.

Lo que se diría un consenso en contra

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Esto demuestra la frágil salud de nuestro Gobierno. Fragilidad sostenida en el tiempo durante esta legislatura

El anuncio no puede ser más inoportuno en estos momentos. El consenso de medidas de mejoras en el mercado de trabajo siempre es deseable, pero debe realizarse de la mano de los agentes sociales, que conocen a la perfección las necesidades de las empresas y trabajadores; siempre en un marco ajeno a todo tipo de ideologías.

La situación económica a la que nos enfrentamos es de tal magnitud que, antes que nada, lo que se necesita es confianza. Confianza para las empresas y para los inversores, que está realmente dañada tras esta crisis sanitaria. Solamente tenemos que mirar a nuestro alrededor para verificar su gravedad. El Instituto Nacional de Estadística sacaba a la luz este viernes  que el cierre de establecimientos hoteleros al público en general determinado por el estado de alarma ha hecho que la actividad turística en los hoteles durante el mes de abril haya sido nulas. Las pernoctaciones en los hoteles españoles cayeron en el cuarto mes del año un 100%.

Y suma y sigue, por que el sector turístico -tan importante para España- pide medidas y soluciones que no pasan por derogar una reforma laboral precisamente en este momento.

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Sin duda, no es el mejor o el momento idóneo para hacerlo. Sobretodo ahora cuando las empresas piden sin aliento, medidas que permitan insuflar viabilidad a su actividad económica, o alternativas al despido como los ERTE,aunque eso si bien resueltos.

Ir en la dirección contraria puede resentir la salida de la crisis, haciendo que sea más tardía y más dificultosa si cabe.