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Susto o muerte

De sobra es conocido aquel chiste en el que un amigo le da a elegir a otro entre dos cosas que no le gustan. Se me viene a la cabeza porque refleja la compleja situación en la que estamos inmersos a causa del coronavirus. El Covid-19 ha obligado a las autoridades a tomar medidas severas que afectan a la actividad económica y que van a suponer menos beneficios, empresas cerradas y más gente en el paro. 

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En mitad del confinamiento en el que nos encontramos todos desde hace una semana toca empezar a plantearse si la decisión de paralizar el mundo por un virus con tan baja tasa de mortalidad y del que tenemos más dudas que certezas ha sido la adecuada. El coronavirus ha cambiado nuestras vidas. Ya no salimos a la calle a pasear, no vamos al cine, apenas compramos y casi no tenemos relación entre nosotros. Nos ha acostumbrado a mantener las distancias y a respetar ese metro de distancia cuando vamos a por el pan o a la farmacia. ¡Quién nos lo iba a decir!


Sirva como ejemplo de que otra solución es posible el caso de Irlanda, donde los restaurantes y los colegios están cerrados pero las tiendas y las empresas  funcionan con una actividad normal. Allí la gente sale a la calle extremando las medidas de seguridad y se ha apostado por aislar y proteger a la gente mayor, la de mayor riesgo, sin necesidad de cerrar todo el país. 


Lo cierto es que ya va quedando menos para ganarle la partida a este maldito virus. Estamos a punto de llegar a la meta, pero es nuestra obligación preguntarnos si no había otra forma de alcanzarla que no fuera perdiendo un turno o cayendo en la casilla de bancarrota. Solo el tiempo nos dirá si el remedio no ha sido peor que la propia enfermedad.

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