El rediseño del comercio global y la descarbonización han situado a la logística terrestre y marítima en el centro de la seguridad nacional. Los corredores multinacionales, como el Corredor Internacional Norte-Sur (INSTC), emergen como arterias críticas para conectar Rusia, Asia Central e India mediante redes intermodales. Estas rutas no solo reducen los tiempos de tránsito frente a las vías marítimas tradicionales, sino que blindan el comercio frente a sanciones y bloqueos geopolíticos.
En paralelo, las infraestructuras portuarias energéticas han dejado de ser meros puntos de transferencia para convertirse en activos estratégicos esenciales. La transición hacia renovables y la diversificación del suministro de gas natural licuado (GNL) exigen puertosresilientes, capaces de albergar tecnología de almacenamiento, regasificación y logística de hidrógeno verde. Proteger estas plataformas críticas frente a amenazas híbridas y ciberataques resulta indispensable para garantizar el suministro, la estabilidad de precios y la soberanía energética de los estados.