En el Radar Empresarial de esta jornada ponemos el foco en el fuerte retroceso de Intel en el mercado after hours, donde sus acciones se hundieron más de un 12%. El desplome llega tras la publicación de unas previsiones que no convencieron al mercado para el resto del ejercicio. La compañía estima ahora unos ingresos de entre 11.700 y 12.700 millones de dólares, por debajo de los 12.550 millones que esperaba el consenso, reflejando un escenario operativo más complejo de lo anticipado.
Los problemas de suministro condicionan a Intel
Estas perspectivas responden principalmente a los problemas de suministro que arrastra el grupo. Durante la llamada con analistas, el consejero delegado, Lip Bu Tan, reconoció que el nivel de resultados y producción está por debajo de los objetivos internos. Intel sufre un importante déficit en la fabricación de semiconductores, una situación que se ha visto agravada por el rápido cambio en los patrones de demanda del sector tecnológico.
Según explicó el director financiero, David Zisner, pese a contar con plantas propias, la empresa no ha logrado adaptar a tiempo el tipo de chips que produce a las nuevas necesidades, especialmente las derivadas del auge de los centros de datos de inteligencia artificial. Aunque las fábricas operan a máxima capacidad, la oferta no alcanza a cubrir la demanda, y además los inventarios disponibles se agotaron en el trimestre previo.
Mejorando su situación respecto a 2024
En términos financieros, Intel cerró el cuarto trimestre con ingresos de 13.700 millones de dólares, unos 400 millones más que un año antes. Pese a la mejora, la empresa viene de un prolongado periodo de debilidad. En 2024 redujo casi por completo sus pérdidas y, aunque en 2025 registró números rojos por 267 millones, el avance es notable. La facturación anual cayó un 1%, hasta 52.000 millones, destacando el tercer trimestre gracias a apoyos públicos y su alianza con Nvidia. El reto ahora es consolidarse en un mercado cada vez más competitivo a nivel global.