En el Radar Empresarial de hoy ponemos el foco en la interrupción del servicio de robotaxis de Waymo en San Francisco y en las consecuencias que este episodio puede tener para el futuro de los taxis autónomos. El 20 de diciembre la ciudad californiana sufrió un apagón de gran magnitud que afectó a miles de usuarios. Entre sus efectos más visibles estuvo la detención de la flota autónoma de Alphabet, lo que generó atascos y problemas en varios barrios.
La caída del suministro eléctrico dejó fuera de servicio los semáforos y provocó que muchos vehículos quedaran inmovilizados en cruces clave. Esta situación despertó inquietud entre autoridades y reguladores, que han reclamado mayores controles y garantías de seguridad. Desde Waymo señalan que los coches están supervisados por equipos humanos, aunque admiten que el apagón disparó la demanda de viajes y terminó saturando el sistema tecnológico, reavivando el debate público sobre la fiabilidad de la conducción autónoma en entornos urbanos.
El incidente también ha devuelto al centro del debate la desconfianza hacia un servicio que ya arrastraba antecedentes. Hasta el mes de mayo, la Dirección Nacional de Tráfico de Estados Unidos había contabilizado 22 incidentes vinculados a Waymo, incluidos episodios en los que sus taxis se vieron implicados por error en actuaciones policiales. El reto ahora para Alphabet es demostrar que su tecnología puede operar de forma segura y predecible frente a escenarios complejos del tráfico urbano moderno actual.
En este contexto competitivo, Waymo tampoco puede perder de vista a sus rivales. Uber prepara su propia flota de robotaxis para finales de 2026 y planea probarla primero en San Francisco, además de impulsar un piloto en Londres junto a Baidu. Mientras tanto, Tesla avanza con fuerza apoyada en la inteligencia artificial. Según Morgan Stanley, podría tener mil robotaxis operativos en 2026 y alcanzar el millón en 2035, reforzando el optimismo del mercado sobre su estrategia futura global.