El FC Barcelona concedió hasta tres medallas a Francisco Franco

El FC Barcelona concedió hasta tres medallas a Francisco FrancoFranco, recibiendo una de las medallas del Barça
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  • No una ni dos, sino hasta tres veces homenajeó el FC Barcelona a lo largo de sus más de 100 años de historia a Francisco Franco. 

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    El propio presidente del FC Barcelona, Josep Maria Bartomeu, afirmó en la asamblea de socios que el club solo homenajeó a Franco en dos ocasiones y afirmó que no quitaría la insignia de Oro y Brillantes -concedida en 1951-, ni la medalla de oro del Palau Blaugrana -1971- ni la medalla del 75 aniversario, en 1974, ya que no existen ni documentos ni registros oficiales.

    Y es que, Franco fue el salvador del FC Barcelona,  el club más beneficiado por el régimen. Por este salvavidas, fue el FC Barcelona quien condecoró hasta en tres ocasiones al Caudillo por su desinteresado apoyo, según aseguró Fernando Paz, en un artículo publicado por INTERECONOMÍA.

    Corría el año 1950 cuando el club azulgrana tenía la oportunidad de fichar a un verdadero fenómeno del balompié húngaro llamado Lazslo Kubala, por entonces un deportista de 23 años y profundas convicciones religiosas que escapaba de la tiranía soviética instalada en su país. En torno a aquél gran jugador, el FC Barcelona (entonces Club de Fútbol Barcelona) armaría un equipo que pasó por ser el mejor de su tiempo, y que le condujo a conquistar cuatro ligas y cinco copas del Generalísimo. Consecuencia de los éxitos azulgranas, el estadio del club, sito en Les Corts –pese a sus 60.000 localidades- pronto se quedó pequeño.

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    La insignia de oro y brillantes del Barcelona

    Un año después, en mayo de 1951, tras ganar 3-0 a la Real Sociedad en la Copa del Generalísimo, el entonces presidente del FC Barcelona, Agustí Montal Galobart, colocó su insignia de oro y brillantes en la solapa de la chaqueta de Franco, sin más protocolo, según recoge La Vanguardia. No hay fotografía ni tampoco papel alguno que certifique el acto, pero poco después, en concreto el 11 de octubre, se le entregó una nueva insignia de oro y brillantes a Montal.

    Pocos años más tarde, en 1954, el nuevo estadio inicio su construcción, para tener una mayor grada, un obra que concluyó en 1957.  El presupuesto se disparó de los 67 millones de pesetas inicialmente presupuestados hasta los casi 300 millones, dejando al Barcelona con una deuda casi insostenible de 230 millones. El Barcelona intentó vender terrenos de Las Corts, pero su petición fue denegada por el alcalde de la Ciudad Condal. “La entidad catalana sufrió durante unos años una notable carencia de medios económicos que le dejó en situación de inferioridad frente a sus rivales”, escribió Paz. Esos terrenos que quería vender el FC Barcelona en un principio no reunían las condiciones para ser edificables. No obstante, tras las “presiones políticas que recibió, condujo a que en agosto de 1962 el pleno municipal terminara aprobando la recalificación necesaria”.

    Un año después, en 1963, el FC Barcelona concedía la categoría de socio de honor al alcalde de Barcelona, José María de Porcioles. La recalificación había resuelto unos problemas económicos que de otro modo hubieran sido probablemente insalvables y abocado al club a una situación muy complicada.

    Aunque desde ese momento el FC Barcelona dispuso del dinero suficiente para solucionar el problema de su deuda, algunas entidades recurrieron la decisión del ayuntamiento, poniendo en peligro la resolución municipal. El pleito parecía no solo alargar la querella, sino poner en peligro la viabilidad del plan de rescate de la entidad azulgrana en su conjunto, de modo que el club echó mano de uno de sus directivos, Juan Gich.

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    Gich era un periodista hasta entonces dedicado al mundo de la cultura, y que había obtenido una cierta notoriedad pública a raíz de su amistad con personajes de gran relieve en la sociedad catalana tales como Salvador Dalí y José Pla. Pero lo más importante era la sólida relación personal que le unía a Torcuato Fernández Miranda, por entonces director general de Promoción Social. Porque, con el asunto embarrancado y muy serias resistencias al proyecto, la junta directiva del FC Barcelona llegó a temer que toda la operación trascendiese y se convirtiera en un escándalo de primera magnitud. Si alguien podía conseguir una solución definitiva en beneficio del club, ése era Gich.

    Fernández Miranda, destinado a importantes responsabilidades y que sería una de las piezas claves, si no la principal, de la Transición, tenía contactos a muy alto nivel en el gobierno. Así que a Fernández Miranda no le fue demasiado difícil conseguir que la petición del club barcelonés llegase hasta el Consejo de Ministros. De este modo, el gobierno reunido en el Pazo de Meirás el 13 de agosto de 1965, aprobó definitivamente la ayuda que el FC Barcelona demandaba y acordó que la recalificación tuviera lugar, lo que fue publicado en el BOE correspondiente a fecha de 23 de septiembre de 1965 con las preceptivas firmas del ministro de la vivienda, Martínez Sánchez-Arjona, y la de Francisco Franco.

    Medalla de oro del Palau Blaugrana en octubre de 1971

     

    La década de los sesenta había sido magra en títulos para el club barcelonés, pero la masa social de la entidad catalana estaba en plena expansión, y un club de tal grandeza histórica y social necesitaba un recinto adecuado para sus otras secciones. De modo que en 1971 el Consejo Nacional de Deportes, dirigido por Gich, acordó conceder a fondo perdido 43 millones de pesetas, lo que era una enormidad, al FC Barcelona para construir el Palau Blaugrana y el Palacio de Hielo.

    Quince días antes de la inauguración de dichas instalaciones, el 13 de octubre, le fue entregada a Franco (y a Gich y a Fernández Miranda) la medalla de oro por la construcción de los dos palacios, de los que por cierto el Caudillo había sido nombrado presidente de honor. El Palau Blaugrana (bautizado así, en catalán) fue inaugurado en un acto envuelto en un gran calor popular que se desarrolló bajo la presidencia del vicesecretario del Movimiento, el falangista Manuel Valdés Larrañaga.

    Montal entregó la medalla de oro a Franco con un álbum de fotografías de la construcción del polideportivo, distinción que se otorgó a Torcuato Fernández Miranda y el propio Gich.

    Medalla del 75 aniversario, con discurso de Utrera Molina

    Casi tres años más tarde, aún tendría la junta directiva del FC Barcelona ocasión de agasajar a su Excelencia el jefe del estado con motivo de la audiencia concedida por Franco a los representantes del club azulgrana el 27 de febrero de 1974 a instancias del club. La visita estuvo encabezada por el presidente Agustín Montal, a quien acompañaron el delegado de Educación Física y Deportes, el señor Gich, y el secretario general del Movimiento, José Utrera Molina, así como los más altos cargos del deporte catalán y español.

    ¿El motivo de la visita y del agasajo? Condecorar a Franco con ocasión del 75 aniversario del FC Barcelona y entregar a Utrera Molina –quien puso de relieve en su discurso los valores culturales de Cataluña- la medalla conmemorativa de los recintos deportivos barceloneses a los que el gobierno había sufragado en tan gran medida, tal y como el presidente del Barça admitiese de buen grado.

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