El mercado inmobiliario español muestra signos de inflexión. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en agosto se registraron 47.697 compraventas de vivienda, lo que supone una caída del 3,4 % interanual. “El reto ya no es la demanda, sino el acceso a la vivienda, que se ve limitado por la falta de producto disponible”, destaca Robin Decaux, CEO de Equito.
La bajada afecta tanto a la vivienda de segunda mano, que retrocede un 4,9 %, como a la vivienda protegida, que cae un 12,6 %. En contraste, la vivienda nueva creció un 2,9 % interanual, confirmando su solidez dentro del sistema. Sin embargo, solo representa el 21,2 % de las operaciones del mes, y el ritmo de finalización de obra sigue siendo insuficiente para cubrir la demanda real. En varias provincias, la obra nueva ha subido hasta un 20 %, pero todavía supone menos del 10–12 % de las ventas anuales.
Las diferencias regionales son significativas. La Rioja, Castilla y León y Aragón lideran el crecimiento anual con subidas del 33,7 %, 11,3 % y 8,6 %, respectivamente, mientras que Asturias, Canarias y Murcia registran los descensos más marcados, con caídas del 23,2 %, 15,2 % y 8,2 %. Muchos mercados secundarios que impulsaron el crecimiento en trimestres anteriores comienzan ahora a notar el impacto de la falta de suelo, los cuellos de botella regulatorios y los retrasos en la entrega de vivienda terminada.
Solo el 6,6 % de las viviendas vendidas eran protegidas, y su volumen cayó un 12,6 % interanual, evidenciando que la vivienda social sigue perdiendo peso en la oferta nacional.


