El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha pedido por carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que mantenga el veto a la venta de coches nuevos con motores de combustión en 2035, en vísperas de que el Ejecutivo comunitario presente el próximo martes una propuesta para aliviar a la industria de la automoción.
Es curiosa esta petición de Sánchez cuando su coche oficial es un lujoso Audi A-8 que debido al peso de su blindaje supera ampliamente los 20 litros de gasolina de 98 octanos cada 100 kilómetros, o que utilice los helicópteros Súper Puma o aviones Falcon del Ejército del Aire, con la fuerte emisión de gases invernadero que producen por su alto gasto de combustible, para pequeños desplazamientos. Aunque también quiere cerrar en España las universidades privadas cuando sus hijas estudian en ellas o acabar con la prostitución cuando su suegro se hizo de oro con ella. O por no hablar de la corrupción, justificación para hacer caer a Mariano Rajoy en una moción de censura y que ahora le desborda en su seno familiar y político, o de su supuesto feminismo, con casos de acoso sexual que salpican a muchos miembros de su círculo más cercano.
Este apoyo de Sánchez al lobby eléctrico y especialmente a los fabricantes chinos, quienes dominan el mercado de vehículos eléctricos, va en contra de lo que opinan muchos países europeos como Francia, Alemania o Italia, que ven peligrar por dogmas ideológicos la industria europea, que tanto empleo y riqueza genera en el Viejo Continente. Las estrictas políticas medioambientales europeas, que defienden Sánchez, solo han logrado hasta la fecha miles de despidos, cierre de plantas y pérdida de mercado en todo el mundo de los fabricantes europeos, frente a los chinos.
Un Sánchez, contra las cuerdas en España y para muchos con las horas contadas al frente del Gobierno en España, pide a a Von der Leyen que mantenga el veto al motor de combustión en 2035
La posición de España defendida por Sánchez, cuyo futuro político está más en el aire que nunca, por los casos de corrupción que afecta a su ámbito familiar y político, contrasta con la de Alemania, que ha presionado mucho por mover la fecha de 2035, y con la de Italia, Hungría, Polonia, Bulgaria, la República Checa y Eslovaquia, que el pasado 4 de diciembre pidieron a Bruselas en una carta consultada por EFE «que la UE abandone, de una vez por todas, el dogmatismo ideológico que ha llevado a sectores productivos enteros al borde del colapso».
Rechazo total al motor de combustión, el dogma ideológico de Sánchez que puede acabar con miles de empleos y la industria automovilística en Europa
«Rechazamos que los vehículos con motor de combustión u otras tecnologías sin viabilidad probada puedan seguir comercializándose más allá de 2035», escribe Sánchez en la misiva a la que ha tenido acceso EFE, fechada el 11 de diciembre, y en la que aboga también por favorecer la producción europea, electrificar las flotas de empresa e impulsar el uso de acero verde.
El jefe del Gobierno de España recuerda que la Comisión ya introdujo hace un año flexibilidades en las normas de CO2 para los fabricantes entre 2025 y 2027 y asegura que «cualquier relajación adicional conllevaría el riesgo de provocar un retraso significativo en la descarbonización de las inversiones».
Sánchez cree que avanzar por esa senda reduciría la demanda de coches eléctricos, lo que afectaría a la competitividad futura de la industria europea del automóvil y de los componentes e incrementaría «la probabilidad de cierres de plantas y pérdidas de empleo en toda la UE».
La Comisión Europea presentará el martes una batería de propuestas para apoyar a la industria del motor y el Ejecutivo baraja medidas para aliviar a la industria europea, en dificultades por la competencia de los eléctricos chinos más baratos, los aranceles de Estados Unidos y unas ventas inferiores a lo esperado.
El borrador podría variar respecto a la propuesta que la Comisión hará pública el martes, es decir, una semana después del calendario previsto inicialmente, lo que ilustra la intensidad de las negociaciones y presiones de última hora sobre un ajuste normativo crucial para un sector que representa el 7 % del PIB de la UE.
El líder socialista español solo quiere que la UE fabrique eléctricos 100%, un mercado dominado por los fabricantes chinos por sus bajos precios, aunque escasa calidad, y que se limite incluso los híbridos enchufables
España se pronuncia en cada uno de los puntos abiertos, ejerciendo presión sobre los detalles de una propuesta en los que la Comisión Europea seguirá trabajando durante el fin de semana, indicaron a EFE fuentes comunitarias.
Según los borradores que circulan, la Comisión propondría que en 2035 se permitiría que el 10 % de las ventas fueran aún de vehículos que emitan CO2 y el límite se trasladaría a 2040.
El Ejecutivo podría optar además por flexibilizar ese umbral de forma que en las flotas se contabilicen como «cero emisiones» los híbridos enchufables y los vehículos con extensores de autonomía (eléctricos que incorporan un motor de combustión que no impulsa el vehículo, sino que funciona como generador).
En su carta a Von der Leyen, Sánchez defiende que se limite la producción de híbridos enchufables a partir de 2035 porque lastraría la demanda de eléctricos puros, un mercado éste último dominado por los fabricantes chinos por sus bajos precios, aunque esa corresponda a una industria subvencionada en ese país y a su baja calidad tanto en sus productos como en sus servicio de postventa.


