Sara Anguera. La cesta de la compra en España ya no se llena igual que antes. Lo que comenzó como una estrategia de resistencia de los hogares para mitigar la histórica escalada de la inflación alimentaria de los últimos años se ha consolidado como un cambio estructural irreversible en los hábitos de consumo.
La denominada tendencia «Premium-Low Cost» define una nueva realidad: el consumidor español ya no busca el producto más barato a cualquier precio, sino que ha elevado la exigencia sobre la marca de distribuidor (lo traidicionalmente conocido como «marca blanca»), forzándola a competir de tú a tú, en calidad y presentación, con las marcas líderes de fabricante.
España, líder en la marca de distribuidor en la cesta de la compra
Los datos macroeconómicos del sector del gran consumo reflejan un fenómeno sin precedentes en el entorno europeo. Según los últimos informes de la consultora de mercados Kantar Worldpanel, la cuota de mercado de la marca blanca en España ha superado el 44%, situándose en máximos históricos y consolidando al país como uno de los mercados con mayor penetración de estas enseñas en toda Europa, solo por detrás de Alemania y el Reino Unido.
«Ya no existe el estigma de poner una marca blanca en la mesa cuando tienes invitados. El consumidor ha descubierto que la brecha de calidad se ha cerrado, pero la brecha de precio se mantiene», señalan los analistas del sector del gran consumo de la consultora NielsenIQ (NIQ).
Este trasvase de la demanda responde a una brecha de precios que, según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), puede llegar a suponer un ahorro medio de entre el 30% y el 40% en la cesta de la compra anual. En un contexto donde el poder adquisitivo de los salarios reales sigue tensionado, optimizar el gasto corriente se ha convertido en una prioridad transversal que afecta tanto a las rentas bajas como a las clases medias y altas.
La estrategia de los supermercados para la cesta de la compra: De la imitación a la innovación
El éxito del modelo «Premium-Low Cost» no se explica únicamente por el factor precio; la estrategia de los grandes distribuidores en España ha cambiado las reglas del juego. Cadenas líderes como Mercadona (con Hacendado), Carrefour o Lidl han dejado de limitarse a clonar los productos de las marcas líderes. Ahora, sus departamentos de desarrollo lanzan líneas exclusivas que apelan a tendencias de valor añadido: productos sin lactosa, gamas proteicas para deportistas, alimentos ecológicos o platos preparados listos para consumir.
El caso de la gama de productos proteicos +Proteínas de Mercadona o las líneas Gourmet temporales de Lidl demuestran cómo la marca blanca ha sabido capturar nichos de mercado de alta rentabilidad que antes eran terreno exclusivo de la industria de marca de fabricante. El distribuidor ya no es solo un vendedor, sino que es un prescriptor de tendencias.
El dilema del fabricante: márgenes asfixiados y la paradoja del «co-packing»
Para la industria de los fabricantes tradicionales (reunidos en asociaciones como Promarca), la situación es crítica. El estrechamiento de los márgenes comerciales debido al encarecimiento de las materias primas y la energía les impide competir en precio con la distribución. La pérdida de espacio en el lineal es una realidad: para optimizar costes, los propios supermercados están reduciendo las referencias de marcas terceras para dar absoluta prioridad a sus enseñas propias.
Esto ha acentuado una paradoja histórica del sector en España: el fenómeno del co-packing. Muchas de las grandes industrias que fabrican los productos de marca líder se ven obligadas a producir simultáneamente para la marca blanca de los supermercados bajo estrictos contratos de confidencialidad para poder mantener operativas sus plantas y asegurar volúmenes de producción viables.
Impacto macroeconómico: ¿Hacia dónde va el modelo productivo del consumo?
El arraigo de la cesta «Premium-Low Cost» dibuja un escenario con importantes derivadas económicas para el tejido empresarial español:
- Riesgo de deflación en innovación: Desde Promarca se advierte de que el retroceso de las marcas de fabricante frena la inversión en I+D+i en el sector agroalimentario. Las marcas líderes argumentan que son ellas las que asumen el riesgo financiero de lanzar productos verdaderamente novedosos al mercado, que luego son replicados por la distribución a gran escala.
- Reconfiguración del empleo industrial: La concentración del volumen de compra en unos pocos gigantes de la distribución (Mercadona, Carrefour, Lidl y DIA concentran más de la mitad del mercado en España) otorga a los supermercados un poder de negociación casi absoluto sobre los proveedores agrícolas y ganaderos locales.
- Cambio en la lealtad de marca: La fidelidad del consumidor ya no se dirige al producto (el champú X o las galletas Y), sino al establecimiento. El cliente es fiel a la cadena de supermercados porque confía en el estándar de calidad de su marca propia.
La cesta de la compra «Premium-Low Cost» ha dejado de ser una anomalía coyuntural ligada a las épocas de vacas flacas para convertirse en el estándar del consumo en España. La marca blanca ha completado su metamorfosis: nació para ahorrar costes y hoy lidera el valor en el lineal. En esta nueva era del gran consumo, la batalla ya no se libra en el precio más bajo, sino en quién ofrece la mayor percepción de calidad premium bajo el formato y el precio más eficiente del mercado.
